sábado, 4 de julio de 2015

Activistas


            Por el Diario de Cádiz he conocido que la mayoría de los nuevos ediles del equipo de gobierno municipal de la ciudad presentan como el principal de sus méritos, para algunos el único, el ser o haber sido activista.

            Aunque no estoy muy familiarizado con el actual vocabulario político, creía que los activista eran los que hasta hace poco se llamaban voluntarios, personas que trabajan, hoy se diría luchan, de una forma totalmente altruista, por el triunfo de una idea o por la consecución de unos principios o de una causa social, más o menos noble.

            Así he conocido a muchos activistas políticos, sindicales, deportivos, folclóricos, culturales, religiosos y hasta activistas cofrades, que no se si clasificarlos entre los folclóricos, los culturales o los religiosos. Eran personas que empleaban su tiempo y su dinero para conseguir su ansiado objetivo. Incansables y, aunque algunas veces incluso resultaban algo pesadas por su conversación monotemática y su pasión exagerada, pero todas tenían un elemento identificador, lo hacían por su causa, por sus ideas o por su afición, pero todas ellas se hubieran ofendido si alguien les hubiera insinuado que por su trabajo y su desvelo debían cobrar. El dinero era algo que no entraba en la mochila, ya antes también existían, ni en el componente motivador del verdadero voluntario o activista.

            Incluso yo, aunque nunca pasó por mi cabeza el denominarme activista, también he participado en algunas causas que consideraba justas y beneficiosas para mis paisanos, ofreciendo de forma desinteresada mi granito de arena, mis aptitudes y mi trabajo. Entre otros proyectos culturales y sociales, he sido desde socio fundador de la Peña Flamenca Enrique el Mellizo, hasta, en la actualidad, directivo de una asociación medio digital, Cádiz Ilustrada, que busca la defensa del maltratado patrimonio cultural de esta ciudad.

            En ninguna de estas actividades ni en muchas otras que omito, ni yo ni nadie que participaba en las mismas, cobraba una peseta o un euro. Al contrario, cada persona ponía, o pone, de su bolsillo, el importe del café o del refresco en las reuniones o ,a gasolina de su vehículo en los casos de desplazamientos.

            Por eso manifiesto mi extrañeza al ver que estos activistas desinteresados que han tomado el poder municipal, todos sin excepción, han abandonado ese desinterés para entrar a formar parte de la clase de los políticos profesionales.

            Comprendo que en algunos casos sea de justicia que cobren, ¿pero es necesario que cobren todos? ¿Es que ya dejaron su activismo social? ¿Es que el gobierno Cádiz no merece al menos el mismo desinterés monetario  que tenían con los objetivos por los que hasta ahora han luchado? ¿Es que el político municipal pierde calidad si trabaja de forma altruista por su ciudad? ¿O acaso es que se han cansado de ser activistas honorarios o de vocación y ahora pasan a serlo de profesión? En cualquiera de los casos, me han decepcionado. Ya sé que no tengo merecimiento alguno para ser concejal, ni tampoco soportaría aguantar a “la cúpula” de ningún partido político, pero para este jubilado, que no presume de activista, sería su mayor “orgullo y satisfacción” poder contribuir a ayudar a sus paisanos y aportar su esfuerzo al engrandecimiento de la ciudad que me vio nacer. Y por supuesto sin cobrar por ello.
           



           

                           

No hay comentarios:

Publicar un comentario