domingo, 29 de junio de 2014

¿De donde era la piedra ostionera?

Piedra ostionera en la Alameda.

Con motivo de la desafortunada intervención que se está realizando estos días en nuestras murallas, recordé que hace muy poco un conocido arquitecto local hablaba de la piedra ostionera con la que se habían construido las murallas de Cádiz, asignando esta categoría en exclusividad a las que formaban el suelo rocoso de nuestra ciudad, lo que no es exacto pues, además de las primeras y pronto esquilmadas canteras locales, a partir del siglo XVII se fueron utilizando en su construcción piedras de los siguientes lugares, que señalamos colocadas por orden de su dureza.

Piedra Palomera del Puerto de Santa María, se deshacía con facilidad por lo que sólo se usaba para molduras en la construcción civil y en edificios de viviendas militares.

Piedra de Rota, parecida a la anterior aunque un poco más dura.

Piedra de Isla Paloma en Roche, más consistente que las anteriores, se usó en la construcción de las primeras murallas de la ciudad.

Piedra de Santi Petri, también se desgastaba con facilidad con los cambios de temperatura, por lo que se usó sobre todo en el arrecife o carretera desde Cádiz a la Isla de León.

Piedra de la Carraca, de Santa Catalina en El Puerto y de Chipiona, tenía la misma composición que los arrecifes marinos que aparecen con la marea baja; aunque sus materiales suelen erosionarse con las arenas que llevan las olas, es la que se empleó en casi todas las zapatas que sustentan las murallas.

Piedra de Roche, se extraía de 3 o 4 canteras, era más compacta que las anteriores, aunque no tenía una apariencia muy estética.

Piedra de Bolonia, también se sacaba de varias canteras, era más compacta y más dura que las otras, pero tenía la ventaja sobre las anteriores que se labraba muy bien.

Piedra del Jardal, que se extraía de la cantera de ese nombre y de otra cercana a la playa de la Barrosa; además de en las fortificaciones también se utilizó mucho en construcciones religiosas como la Iglesia Mayor de San Juan Bautista de Chiclana, la Prioral de El Puerto y la Catedral nueva de Cádiz.  

Piedra de Barruecos, se usaba para sillares como los de la Catedral, en casas particulares y en edificios militares en tierra, pero no en las murallas porque se  desconocía su comportamiento ante el agua del mar.

Calizas de Santa Ana, que se descubrieron en 1800 y se extraían de seis canteras por canteros que venían de Málaga por existir allí otras similares; eran muy resistentes al agua, y se usaron en caminos y escaleras de los recintos que se levantaron a partir de esos años.

Salipez, era el granito de las canteras de Chiclana y Vejer; considerado incluso mejor que le granito de Madrid, pero su dificultad para labrarla hizo que sólo se usara esta piedra en la muralla del Sur.

En resumen, aparte de los ladrillos, la mayoría de las piedras que se utilizaron para levantar las murallas de la ciudad no tenían origen gaditano, vinieron de Bolonia, Roche, Chiclana y La Isla.
 

Del Archivo Histórico Provincial de Cádiz.

UNA INDUSTRIA VICIOSA


 
Mucho vicio en unas cartulinas.
           
            Conocida es la fama que alcanzó en siglos pasados la industria gaditana de fabricación de naipes; las barajas gaditanas se impusieron en España y en América por la calidad y por el diseño de sus cartones, que llegaron a constituir un estilo propio conocido como  “a la gaditana” o “Cádiz”.

            Dado el auge de esta industria, en 1874 el Ministerio de Hacienda, con fines totalmente culturales claro, solicitó al Gobernador datos sobre las fábricas de naipes existentes en la provincia, la maquinaria y el personal que tenían, así como el número de barajas que producían.

            Por su contestación sabemos que en ese año existían en la ciudad de Cádiz cinco fábricas, El Venado, Los Dos Gallos, El Gallito, El León y Segundo de Olea.

            Respecto a la maquinaria que empleaban, las barajas se hacían “por  estampación a mano”, aunque cada fábrica disponía de “dos máquinas de cilindros laminadoras para satinar la cartulina y además un aparato bruñidor con el mismo objeto, todos movidos a mano excepto en la fábrica  de El León que han adoptado el movimiento por caballería”.

 En cuanto al personal que empleaban y el número de barajas que fabricaban por día laborable era el siguiente:

En El Venado trabajaban 9 hombres y 5 muchachos, que hacían  240 barajas diarias.

En Los Dos Gallos trabajaban 14 hombres y 15 muchachos que hacían 480 barajas diarias.

En El Gallito trabajaban 11 hombres y 4 muchachos, que hacían 360 barajas diarias.

En El León trabajaban 8 hombres, 5 muchachos y 5 mujeres, que hacían  240 barajas diarias

En Segundo de Olea trabajaban 22 hombres, 14 muchachos y 6 mujeres, que hacían 720 barajas diarias.

Se observa la continuación del sistema de trabajo tradicional de  los aprendices, los “muchachos” de la relación, así como una tímida  introducción del trabajo femenino.

Pero no todos los gaditanos estaban contentos con esta pujanza de la industria, o al menos con su publicidad, tres años después Benito Cuesta vecino de la calle Cristóbal Colón 17 denuncia el anuncio de madera que, con el rótulo “Fábrica de Naipes del León” y una carta gigantesca, se exhibía en la planta baja de la casa número 15 sede de esa fábrica, no sólo “por estar fuera de las condiciones del ornato público”, sino por “privar  de la vista al balcón” del denunciante.

Éste se queja de que antes no existía este problema, pues la finca 17 “estaba destinada a la venta de géneros” por lo que “los pisos altos no tenían otro destino que para dormitorio de los dependientes”, problema que ahora surgía por culpa de la  eterna crisis gaditana, “hoy, que por desgracia han desaparecido  de aquella calle  la mayor parte de estos establecimientos”. El Alcalde ordenó a la fábrica del Rey de la Selva que redujera las dimensiones de su anuncio “de modo que no avance a la vía pública más que las repisas de los balcones del principal”.

Del Archivo Histórico Municipal de Cádiz 

EL BEATO DIEGO JOSÉ EN PROCESIÓN


 

            Hace unas semanas vi pasar por las calles de Cádiz en procesión la imagen del beato Fray Diego José de Cádiz. Al principio no le di importancia porque supuse que se trataba de una manifestación más del mundo cofrade, mundo que, según dicen es un mundo totalmente distinto del mundo religioso; pero cuando vi que, además de una magnífica banda de música, acompañaba o más bien presidía la procesión un religioso, comencé a hacerme unas preguntas que ahora planteo.

            Las ideas que en su día defendió ardientemente Fray Diego José, entre ellas el origen divino del poder de los reyes y de las autoridades civiles, la bondad de las supersticiones y la ignorancia popular, la demonización de las ciencias, o la defensa de la esclavitud o la Inquisición, ya no son defendidas por nadie dentro del Catolicismo. Han pasado algunos siglos, muchas encíclicas y hasta un concilio, el Vaticano II acatado por todos, al menos de palabra, y la Iglesia fue abandonando estas viejas ideas y abrazando curiosamente otras más cercanas a las de la propia Revolución Francesa que el Beato combatió toda su vida. No sólo por el sentir de los tiempos, sino porque los postulados de Libertad, Igualdad y Fraternidad, se acercaban más al Cristianismo que las ideas reaccionarias y retrógradas que defendió el capuchino gaditano.

            Es indudable que este tema es ajeno a la cultura cofrade, pero no debe ser ajeno a la cultura religiosa.

            Por eso me pregunto, ¿qué sentido tiene que miembros de la Iglesia Católica presidan públicamente en el siglo XXI una procesión con la imagen del Beato Diego? Si comulgan con sus ideas, están en contra de la doctrina de la Iglesia, que desde hace más de un siglo ya admitió por ejemplo su compatibilidad con las Ciencias modernas o con el Liberalismo.

            Pero además esta procesión se ha divulgado en los medios locales, habrá llegado al conocimiento de todos los católicos de la ciudad, incluidos aquellos que conocen y han estudiado algo la doctrina moderna de la Iglesia o, al menos, la Historia de España, por lo que me sigo preguntando.

            ¿El Obispo de Cádiz no tiene nada que decir al respecto? ¿Habría hablado si, por ejemplo, las ideas de Fray Diego se hubieran defendido hoy día por alguien en la prensa? ¿Su permisividad y silencio contrastan con las ideas contrarias al capuchino del Papa Francisco? Ideas que por cierto chocan con la praxis de una gran parte de la Iglesia de su Diócesis.

            ¿Ningún clérigo de la “culta Cádiz” tiene tampoco una opinión sobre este culto? ¿Es que tienen miedo de expresarla? ¿Es que imitan a los políticos y esperan a que el que manda se pronuncie para seguirle en su misma dirección?

            ¿Y los intelectuales católicos? Al menos dos catedráticos de nuestra Universidad publican artículos regularmente en la prensa local; además uno de ellos está especializado en la época en que vivió Fray Diego. Ellos si tienen una reconocida cultura religiosa y de la otra, junto con una plena libertad de pensamiento como manifiestan en sus escritos. ¿Tampoco ellos tienen una opinión formada? ¿No le dan importancia por ser una cosa de “capillitas”, propia de una religiosidad popular que no tiene cabida en su mundo superior?

            ¿Tampoco tienen nada que decir los católicos cultos? ¿Dónde están? ¿Por qué dejan que la imagen pública de la Iglesia Católica provenga sólo de las plumas de algunos habituales de las Cartas al Director de nuestro Diario de Cádiz?

A nadie, a nadie le ha resultado extraño, heterodoxo, o al menos extemporáneo, este resurgir de la devoción por el Beato Diego de Cádiz. 

Sin duda se trata de un problema de falta de cultura, pero si tanta gente no ve ninguna incongruencia ni tiene ninguna duda al respecto, ¿por qué tengo yo que hacer estas preguntas? Y encima viviendo a dos pasos de la Capilla del Beato Diego.

           

domingo, 25 de mayo de 2014

Los Tercios Vascongados en Campo Soto



Con esas botas, pobres hierbas de Campo Soto.

            En 1859 estalló la que después sería conocida como Guerra de África; el Ejército español se prepara para marchar a la lucha en las tierras del reino de Marruecos en medio de un entusiasmo patriótico que surgió por todo el país. También en las provincias de las que hoy se denominan “nacionalidades históricas”, que acudieron a formar parte del ejército expedicionario encuadrados los voluntarios catalanes en la Legión Catalana y los voluntarios vascos en los Tercios Vascongados dirigidos por el general Carlos María Latorre.

Son estos Tercios los que desembarcaron en San Fernando para realizar su instrucción en la que era, desde tiempos inmemoriales y hasta bien entrado el siglo XX, dehesa municipal gaditana de Campo Soto, el lugar donde pastaban los ganados que luego se dirigirían a Cádiz por los caminos salineros y por la playa durante la bajamar.

            Los marciales chicarrones del Norte comenzaron su instrucción, en los lugares donde un siglo después algunos la haríamos, bajo la asustada mirada de las reses que por allí se encontraban, haciendo sus marchas y pateando el terreno con ardor y entusiarmo como si estuvieran ya en las peligrosas tierras africanas.

            Pero no contaban con la profesionalidad y el celo del guarda de la dehesa Francisco Pabón quien, el 23 de Febrero de 1860 da parte al Ayuntamiento “de estar el batallón de voluntarios vascongados aprendiendo ha hacer el hejercicio en los terrenos de dicha dehesa y pisoteando toda la yerba por cuya causa todo se seca y además las reses se asustan”.

            Al día siguiente el Alcalde de la ciudad Antonio Gargollo se dirigió al Gobierno Militar pidiéndole que “las tropas acantonadas de los Batallones Vascongados efectúen los ejercicios de instrucción en otro punto que no causen perjuicios a las yerbas que sirven de pasto al ganado que se conduce a esta plaza para el consumo público”; recibiendo el mismo día la contestación del Gobernador en la que le decía que suspendería estos ejercicios “como es justo para cortar los perjuicios de que hace V. S. mérito si no fuera porque hoy se están racionando los expresados Tercios con objeto de empezar mañana con urgencia el embarque para África”.

            Llegaba tarde el Alcalde, los soldaditos voluntarios vascos dejaron de pisar las yerbas de la dehesa de Campo Soto y de asustar a los cornúpetas, futuros filetes en los platos gaditanos, para marchar, convertidos en protagonistas de la Historia de España, en busca de la gloria militar en los campos africanos.

            Una entrada que cuenta una pequeña anécdota, quizás hoy bastante incorrecta políticamente hablando, sacada del Archivo Histórico Municipal de Cádiz.                   
 
Y de Campo Soto se fueron a luchar.

lunes, 19 de mayo de 2014

Cádiz contra Sevilla ...por la Feria.



Cádiz esperaba la llegada del tren.
            Fue en 1859 cuando las “fuerzas vivas” de Cádiz, pues aunque ahora suene raro en esa época había en Cádiz “fuerzas vivas” y además actuaban unidas, dirigieron un manifiesto a Isabel II. En este escrito que suscribían la Diputación Provincial, el Ayuntamiento, la Junta de Comercio, la Sociedad Económica de Amigos del País, sociedades, contribuyentes y ciudadanos particulares, protestaban contra una decisión del Ayuntamiento sevillano que perjudicaba los intereses gaditanos.  

            Desde 1846 se celebraba en la hermana ciudad del Betis su Feria de Abril, ubicada en el lugar donde se siguió celebrando hasta el último tercio del siglo XX, el Prado de San Sebastián; con trece años de antigüedad el Prado se había consolidado ya como el sitio natural donde instalar la feria.

            Cuando se concedió la línea de ferrocarril que uniría córdoba con Sevilla y ésta con Jerez y Cádiz se autorizó, a pesar de la oposición del Ayuntamiento hispalense la construcción de dos estaciones, la de la Plaza de Armas que sería el final de la línea con Córdoba y la del Prado de San Sebastián o “Campo de la Feria” que sería la “estación de primera clase” en la línea “que uniría Madrid con el Océano en los muelles de Cádiz”. Cuando los trabajos de la línea estaban para terminar, el Ayuntamiento de Sevilla protestó de nuevo y consiguió que se paralizara el proyecto hasta estudiar una nueva ubicación “que debería satisfacer los intereses generales de la línea de primer orden de Madrid a Cádiz sin desatender en lo posible los intereses de particulares de la localidad” impugnante.

            Ante este parón los firmantes estiman que la oposición sevillana “constituye a Cádiz en el imprescindible deber de rechazar tanta sinrazón, salvando ilesos los fueros de la justicia, del derecho y de la conveniencia pública”.

            Argumentaba el municipio sevillano que colocada la estación en el Prado de San Sebastián no se podrían utilizar las servidumbre de paso y los abrevaderos del ganado que acudía durante los tres días que duraba la Feria. Los firmantes alegan que en todas las vías férreas se están instalando “los paso niveles” por los que “podrán pasar muy cómodamente los ganados domados y cerriles y las reses para el matadero”. Además que el Prado tenía una extensión de cuarenta hectáreas de las que la estación sólo ocuparía siete por lo que quedaría “treinta y siete hectáreas donde descansen y abreven los ganados, donde trillen sus mieses los pequeños labradores, donde paren y alberguen los arrieros y carros…”

            En Sevilla se quejaban que con la estación su Feria desaparecería “y con ella ese fecundo elemento de vida, de prosperidad y riqueza”,  a lo que los gaditanos oponen la modernidad liberal de su ciudad “Hablar de feria, Señora, en 1859 y a propósito de la construcción de un camino de hierro, hablar de esos mercados de privilegio que no cuentan otro origen ni tienen otro fundamento que la dificultad de las comunicaciones y traerlos a cuestión precisamente para suscitar entorpecimientos a una vía férrea que, facilitando esas mismas comunicaciones, pondrá diariamente todos los mercados a disposición de todos los negociantes …”; para los firmantes los argumentos sevillanos son “graves errores económicos” y la Feria un “raro anacronismo”, e insisten en que no ven los perjuicios para Sevilla, ya que el ferrocarril duplicaría el número de forasteros que acudirían a la Feria.

            Además estaba el tema del ahorro, poner la estación en otro lugar suponía alargar la línea en doce kilómetros más para empalmarla con la vía a Córdoba, por lo que ven mal que todos los intereses públicos “se sacrifiquen día por día y perpetuamente en holocausto de su feria que dura sólo tres días en el año”.

            Por último esgrimen en su favor el interés estratégico de Cádiz y San Fernando “posee cuarteles donde colocar más de veinte y cinco hombres, que es el punto de embarque para nuestras amenazadas Antillas, que es el puerto defensor del Mediterráneo, que existen en él dependencias importantísimas, como son entre otras el Arsenal, el Colegio Naval y el Departamento”, por lo que resaltan su importancia para la defensa del Estado y la integridad de su territorio como motivos suficientes “para rechazar las inmoderadas exigencias del Ayuntamiento de Sevilla”.

            Terminaban pidiendo se desestimaran las pretensiones sevillanas y se llevaran a cabo inmediatamente las obras proyectadas.

¡Mi arma, no me digas que aquí  no cabe una estación!
 
            Del Archivo Histórico Municipal de Cádiz.
 

sábado, 19 de abril de 2014

Lo nuestro en Cáceres

            Hace ya muchos años, cuando me acerqué a las múltiples manifestaciones del folklore de lo que entonces se conocía por España, quedé impresionado por las diferencias que existían entre la Semana Santa en cualquier lugar de Andalucía y la de un pueblo de Zamora, Bercianos de Aliste, en el que los cofrades marchaban en su procesión vestidos con las mortajas con las que los enterrarían a su muerte.
La procesión de Bercianos de Aliste 
            Me he acordado de este pueblo al conocer la Semana Santa de Cáceres, que tiene una fama similar de seria y austera. Lo de seria y austera lo comprobé leyendo en el “Avuelapluma”, el “Viva Cádiz” cacereño, una entrevista al Presidente de la Unión de Cofradías, el “Martín José” local. Este señor alardeaba de la reducción de gastos de las cofradías “ha sido una constante en los últimos años” y ¿en qué recortan? “por ejemplo, ya hay varias que han optado por sacar las procesiones en silencio riguroso” y cita a alguna que “sólo irá acompañada por un tambor”, tacaños. También nos dice que otras “han modificado la forma de decorar los pasos, utilizando elementos mucho más sencillos e incluso, en algunos casos, engalanándose con flores del campo”, por supuesto sin contar con que su color sea el correcto para el paso de que se trate, un disparate. Y en cuanto a los estrenos en los enseres nada de nada, si hasta presume de que “Hay mayordomos que salen con varas de mando que datan del siglo XVI…” Sobran las palabras.
            Cuando vi la primera procesión, me confirmó la impresión que saqué de la entrevista, pasos llevados a hombro, con cargadores que usaban las maniguetas con el mismo desparpajo que algunos de esta tierra. Las músicas muy discretas tocadas por bandas de hermanos muy sencillas, la mayoría de tambores y cornetas, muy del siglo XX. En cuanto al cortejo, se ponía en marcha o se paraba siguiendo las notas de un tambor solitario o el sonido de una campana. El cuerpo de acólitos y pertigueros carente de marcialidad, se notaba la falta de un entrenamiento adecuado, los penitentes, o mejor dicho nazarenos, algunos descalzos con cadenas en los pies y con pesadas cruces al hombro. Las varillas muchas de madera, no me extraña que fueran del siglo que decía el Presidente, y encima tenían unos tacos de goma en las puntas… ¿Así cómo pueden hacerlas sonar en las tapas de las alcantarillas? Imposible.
           Pero la prensa anunciaba una novedad, una cofradía con un paso que sería “portado por costaleros”. Para no perdérmelo elegí la céntrica calle de mi paisano Moret, al que por cierto le acababan de colocar una lápida con motivo del centenario, en agradecimiento a quien promovió las minas de fosfatos que durante muchos años dieron trabajo a muchos cacereños, aquí también ponemos plazas, pero sería impensable por ejemplo que le pusieran una placa a Horacio Echevarrieta por mantener abiertos los Astilleros hasta 1947 y darle trabajo a muchos gaditanos, esas cosas ni se nos ocurren.
 
La lápida de Moret
            La espera sosita, nada de bullas ni empujones, si alguien quería pasar lo pedía por favor y luego daba las gracias, los espectadores tan fríos y educados parecían paisanos de las dos japonesas que se instalaron a mi lado provistas de sus correspondientes máquinas fotográficas; no se veía ni una sillita, vale que ellos no las utilicen para las playas que no tienen, pero ¿allí no hay tiendas de chinos? Otra cosa que eché en falta fueron los frutos secos, no pasó ni un carrito vendiendo nada, la gente aguantaba la llegada de la procesión de pie y sin comer ni beber nada, debe ser que desconocen las virtudes anti estrés de las pipas y las avellanas, resultado el suelo queda limpísimo con lo que no se fomenta la venta local ni se estimula al Ayuntamiento para que contrate a más personal de limpieza, así les irá.
 
            La procesión con claros y negros, aunque abría el cortejo una banda con uniformes de colorines que parecían copiados de los que animaban en mi infancia las sesiones del “Circo Price instalado en las Cuestas de las Calesas”, luego se volvía a los penitentes, digo nazarenos, descalzos con las cadenas y las cruces, pero detrás venía el paso… Un paso kilométrico que avanzaba alegremente por la calle Moret al son de una alegre marcha.
           Lo primero que noté fue la desproporción entre la longitud del paso y lo vacío que estaba, Jesús, un romano y uno que podía ser Pilatos levantado, pues su silla estaba detrás vacía. Pensé en cuan inteligente son estos cofrades cacereños, en una ciudad en la que al parecer está mal visto realizar “estrenos” hacen un paso grande para poder irlo rellenando poco a poco, así un año podrán poner a Pilatos, sentado en un trono como Dios manda, con un águila dorada como el pájaro que estaba en la pared del “Gavilán” de la plaza Cruz Verde hasta que lo cerraron; otro año la mujer de Pilatos, la del sueño, otro el subsahariano de la palangana, otro al menos a un soldado romano más, firme y de pié: meter un caballo ya me parecería excesivo. En fin un verdadero programa de inversiones cofrade con varios años por delante.

Un paso desaprovechado
             Tras el paso la banda. Por su guión supe que procedía de Salamanca, por fin un detalle musical digno. Aunque la primera impresión al verlos de lejos es que venía avanzando un grabado antiguo que representaba una apertura de las Cortes con Isabel II y todos sus generales, Espartero, Narváez, Serrano y unos veinte más, todos vestidos con levitas negras orladas de pasamanería dorada y tricornios de corte clásico del mismo color, impresionante; hasta las japonesas se emocionaron viendo la cantidad de fotos que hacían.
Pero lo mejor estaba en la marcha del paso, lo que podíamos llamar la asimilación por la parte renovadora y progresista del pueblo de Cáceres de las nuevas tendencias en el mundo de la carga del siglo XXI. Un paso casi vacío, movido por un nutrido grupo de costaleros cuyas zapatillas y calcetines uniformes aparecían por los faldones del paso; una marcha propia de una banda valenciana en días de traca, y esos costaleros que impulsan al paso al ritmo de la música con movimientos alegres y valientes. Un talibán de la calle Veedor quizás diría que los vaivenes que sufría el paso eran algo excesivos, más propios de las calles del Cerro del Águila que de las austeras piedras cacereñas y que Jesús, Pilatos y el soldado romano bailaban más de la cuenta, pero todo es cuestión de estética cofrade, ya los irán perfeccionando, sobre todo con la incorporación al paso de nuevos personajes que hagan el paso más pesado.
El público con división de opiniones; algunos aplaudían como ven por televisión que se debe hacer, otros callaban y ponían cara de no saber cómo comportarse. En cuanto a mí ¿qué quieren que les diga? Me sentí embargado como el de la Zarzuela por un sentimiento de orgullo y satisfacción al ver con mis propios ojos un triunfo más del espíritu y de la cultura del pueblo andaluz, ya exportamos nuestro estilo de carga a las cofradías de Cáceres…
          Aprovechando una parada de la procesión me marché con estos pensamientos y me volví para echar una última mirada; las dos japonesas seguían retratando a los marciales músicos salmantinos. No me extraña, más que músicos eran unos personajes históricos, con ese uniforme que envidiaría hasta el mismo Kiko Rivera para su cofradía trianera.
Kiko Rivera, otro andaluz que triunfa en el mundo... Va a tener razón Canal Sur “la nuestra”, somos la ¡Andalucía imparable! Por ahora llegamos hasta Cáceres, pero pronto llegaremos a todo el E. E. (Estado español).
          ¿Con qué pueden pararnos? ¿Con mortajitas? Que se vayan preparando los cofrades de Zamora.
                

martes, 1 de abril de 2014

La venta de una tienda.


                       

                                                                    Para Agustín y Antonio que llevan este apellido tan montañés y gaditano.

En los no muy felices (al menos para la ciudad de Cádiz) años veinte del siglo XIX, al comienzo del Trienio Liberal, las actividades cotidianas de nuestra colonia montañesa permanecían inalterables a pesar de las convulsiones políticas y bélicas de esos años, como lo atestigua este traspaso de una "tienda de comestibles y refino", como la define su propietario Manuel Infante, quien se la vende a Manuel Fernández de la Reguera; un negocio entre montañeses que, siguiendo la “costumbre de esta plaza” se formalizaba por medio de una escritura ante un Escribano.

La tienda se encontraba en una accesoria en la calle de la Torre esquina a la del Herrón número 80 ½ (hoy Hospital de Mujeres 39), y se vendía “con sus correspondientes géneros, enseres y utensilios” que habían sido valorados por los peritos, designados por ambos, Josep Riaño y Francisco Escamilla. Es significativo el menor valor que dan a “los efectos de comestibles”, 2.469 reales y 24 maravedís, con respecto al que dan a ”los efectos de refino” que tasaron en 11.179 reales y 25 ½ maravedís.  El precio total del traspaso es de 17.370 reales de vellón, que el comprador había entregado en su totalidad antes de firmar la escritura.

A la escritura sólo se acompaña en detalle la valoración de los cinco pesos del establecimiento, así como las 16 pesas chicas y las tres pesas mayores de a una, dos y dos y media arrobas, todo ello valorado en 1.812 reales y 17 maravedís.
 
La valoración de pesos y pesas.
Como curiosidad obsérvese las dos formas de escribir “arroba” que se usaban en la práctica habitual del comercio gaditano.

Dos símbolos distintos de "arroba".
 
Del Archivo Histórico Provincial de Cádiz.

domingo, 30 de marzo de 2014

Cofradías de Ubrique en 1842


Ubrique

            En 1841 las exhaustas arcas del Estado liberal necesitaban reales para hacer frente a sus numerosos gastos. Espartero continuó con la obra recaudatoria del gaditano Mendizábal, extendiendo la desamortización a los bienes eclesiásticos a las hermandades y cofradías que, aunque esquilmadas anteriormente, en épocas “ilustradas”, todavía podían contar con algunas alhajas o inmuebles para el siempre insaciable Ministerio de Hacienda.

                Para preparar esta desamortización se ordenó realizar un inventario de las cofradías existentes y de los documentos sobre su aprobación que poseían. El gobernador civil de la provincia de Cádiz ofició a los respectivos alcaldes requiriendo los datos sobre su creación y su  legalización, y éstos a su vez pidieron estos datos a la autoridad eclesiástica de su municipio, trasladándolo al Gobernador Civil en los casos en que no fueron respondidos con el silencio.

                Como ejemplo de una de las contestaciones dadas por los clérigos locales, exponemos la que el párroco de Ubrique, Salvador García Mairena, envía a su alcalde, para que éste lo traslade al Gobierno Civil de la provincia.    

                “Escrito de las Hermandades y Asociaciones religiosas de esta Villa que el infrascrito Cura de la misma pasa a las manos del Sr. Alcalde 1º Constitucional según lo tiene pedido con oficio de 14 de Febrero último, para lo cual ha convenido detenerse para obviar errores y equivocaciones.

                Hermandad del Dulce Nombre de Jesús y Sn. Sebastián. En el único libro que posee y tengo a la vista, después de comunicar noticias sobre la edificación de la Hermita extramuros de esta Villa del Mártir Sn. Sebastián donde existe dicha Hermandad, la noticia más antigua que se encuentra es una Bula del Santo Padre Paulo 5º dada el año de 1605, concediendo indulgencias a la Hermandad ya establecida; sin embargo no se hallan los Cabildos sino desde el año 1749 y tampoco sus primitivas constituciones.  

                Hermandad del Ssmo. Sacramento. Esta no presenta más libro o Constituciones que el formado el año de 1816 y aprobadas sus leyes el de 1817 por el Sr. Diocesano, y en él se hace mención de haber existido en la Parroquia dicha Hermandad de tiempo inmemorial y haver celebrado Cabildos desde el año de 1744, y en estas nuevas Constituciones aunque no aparece la Real aprobación, pudieron tenerla las antiguas. Esta Hermandad es Sacramental y parece que por nuestras leyes tiene cierta preferencia su conservación como la más necesaria.

                Santo Entierro. Esta Hermandad, que no posee más libro que uno que tengo a la vista, empieza sus Cabildos en 1765, pero se sabe que es más antigua y no aparecen sus Constituciones.

                Santo Rosario. Del Santo Rosario no existe en nuestras Iglesias Hermandad alguna, sólo hay un Encargado que cuida de la Imagen de la Señora y del Rosario de los hombres por la calle. No hay Cabildos,  Diputados ni Alcaldes que se observan en todas las Cofradías y Hermandades, y todo lo hace el Encargado apoyado por la devoción de los fieles para la práctica de exercicio tan santo como se acostumbra en todos los Pueblos de España en observación de la Real Cédula del Sr. Felipe 4º dada en Fraga en año de 1644 donde recomienda y manda tan santa devoción como saludable a todos los Pueblos, y esta Real Cédula existe inserta en la sinodal de este Obispado. Salen también Rosarios de Señoras mujeres casi bajo las mismas bases.

                Ánimas. Esta Hermandad ha existido de tiempo inmemorial en esta Parroquia pero no aparecen sus primitivas Constituciones en el Libro que tengo a la vista, sino las hechas el año de 1814 y aprobadas el mismo año por el Sr. Diocesano.

                Orden tercera de Sn. Francisco. Esta Hermandad está erigida en el templo de la suprimida Comunidad de Capuchinos, la que según las addicciones a su Estatuto aparece apoyada su conservación en varios decretos del Supremo Consejo de Castilla, cuyos originales dicen conservarse por la V. orden tercera de Cádiz.

                Observaciones. Aunque en las notas puestas a estas Hermandades no aparece en todas la aprobación Real, es de presumir tendrían en su primer establecimiento todos los requisitos legales, cuyos documentos si no han sido citados puede atribuirse con fundamento a haverse extraviado en tiempo de la invasión francesa, en cuya época fue quemado el archivo Civil, el Templo de la Parroquia, muchas casas particulares y todo el Pueblo saqueado.

                La Hermandad del Dulce Nombre de Jesús y Mártir Sn. Sebastián es indispensablemente necesaria para la conservación del hermoso santuario donde está fundada para el culto Divino y exercicios piadosos de Semana Santa que allí se practican, pues todo depende de ella.

                La Hermandad de las Benditas Ánimas es también igualmente necesaria, no sólo para su santo y piadoso objeto de socorrer en caridad las ánimas de los fieles difuntos y conservarla y animarla en los vivos, sino también porque a expensas de sus limosnas se costea la Misa de doce en todos los días de fiesta para todo el año; lo que es importantísimo para los fieles, y no hay otros recursos con que sustituir a éste. Ubrique 4 de Marzo de 1842. Salvador García Mairena.”.

                Del Archivo Histórico Provincial de Cádiz.

Las cosas de Cádiz

Un libro imprescindible
          El Catedrático de la UCA Arturo Morgado García ha publicado la obra “Una metrópoli esclavista. El Cádiz de la modernidad”, que parece ser el trabajo definitivo sobre la esclavitud en nuestra ciudad, tema que con anterioridad habían estudiado otros historiadores gaditanos como Isidoro Porquicho Moya o Pedro Parrilla Ortiz.
Se trata de un trabajo riguroso que presenta la esclavitud en Cádiz enmarcada y comparada con la que existía en España y en América. El libro contiene una profusión de datos, sacados en su mayoría de los archivos Diocesano, parroquial de Santa Cruz, Municipal e Histórico Provincial, así como una amplísima bibliografía sobre la materia.

Es un trabajo que, en nuestra opinión, no debería faltar en la biblioteca del buen aficionado a la historia de Cádiz.  

Por eso nos extraña que, aunque este libro se publicó el año pasado editado por la Universidad…de Granada, la reseña que publica el Diario de Cádiz aparece el sábado pasado, 29 de Marzo de 2014, fuera de las páginas dedicadas a la cultura y como una noticia de la agencia EFE que firma, desde Sevilla, A. Valenzuela.

 Comprendo que la desidia y el desinterés por nuestra verdadera cultura seria se extiendan hasta en lugares insospechados como el Ayuntamiento y la propia Universidad, pero ¿hasta estos extremos?

Son éstas las cosas de Cádiz que algunos, por nuestra edad, por nuestra formación o por nuestra forma de entender la realidad social, no alcanzamos a entender ni a justificar. 

martes, 25 de marzo de 2014

¿LA GRACIA DE CÁDIZ?


Un libro a leer por todo intelectual de izquierda.

            A través de internet he visto un desfile bufo o carnavalesco que estos días del pasado Carnaval se paseó por la calle de la Palma parodiando a una procesión de Semana Santa, con la actuación de un cantaor de saetas incluido.

            Nada puedo objetar a las imitaciones o disfraces de penitentes o de prelados, son cosas de la fiesta y en esta ciudad nadie tiene en cuenta esas cosas. Pero un caso distinto es la parodia de la figura de Jesucristo que, en mi opinión, se pasaba del humor carnavalesco para entrar en la burla descarada de las, respetables según creo, ideas religiosas de muchos ciudadanos. Vamos que era una provocación de dudoso gusto, ya que hería las sensibilidades de muchas personas fueran creyentes o no como me pasó a mí, aunque hice el servicio militar en Caballería y con mis años tengo mi sensibilidad algo endurecida.    

            Quizás fuera un sentimiento debido a mi educación infantil cristiana pero, ver a un joven blandiendo una cruz estrafalaria y ridiculizando a Jesucristo, me produjo la misma sensación de desagrado que cuando escuché  al Cardenal Rouco “amenazar” con quitarle a Cáritas el dinero de los pobres si la Iglesia tenía que pagar impuestos como el resto de los españoles.

            Las representaciones bufas de procesiones o entierros religiosos fueron habituales en la España de otro tiempo y formaban parte de un sentimiento antirreligioso que buscaba provocar al creyente creíamos ya superado. Estas cosas pasaban en una España con una población empobrecida e inculta y con unas ganas de resolver sus diferentes formas de entender la vida mediante la violencia como desgraciadamente pasó al final. Hoy en cambio se respetan las ideas y las creencias ajenas, lo que es un logro, y no pequeño, del triunfo en nuestro país de la educación en las ideas democráticas.

            Por eso me ha extrañado ver presenciando este espectáculo, al parecer con agrado, a personas que suponía dotadas de una cultura y de unas ideas de tolerancia y respeto por las ideas y los sentimientos ajenos, algunos de los cuales ofendía este espectáculo.

            La burla de los símbolos ajenos, o próximos dada nuestra cultura común de siglos, no es “progresista”; la burla de las creencias religiosas tampoco.

El acto de la calle de la Palma no era anticlerical ni mucho menos laico, era una simple burla de las creencias religiosas de muchos de nuestros vecinos; no creo que encajara dentro del “republicanismo cívico” tolerante que defendieron muchos de los intelectuales de la izquierda española, ni creo que debía encontrar asilo en la sensibilidad de sus representantes de nuestros días. O quizás estoy equivocado y la tolerancia y el respeto de las ideas y creencias de los demás no sea ya un valor “progresista”, como no lo es ni la decencia ni la honradez.

Al ver este espectáculo pasaron por mi mente otras “gracias” como los rapados públicos de nuestro fascismo, oficialmente cristiano, o los actos de los comunistas chinos en la peor época de Mao. Es la gracia chabacana del intolerante, no del demócrata, como tan bien supo retratar Thomas Mann en su "Mario y el Mago". 

Por supuesto que respeto la libertad del falso Cristo para insultar a muchos de sus paisanos, él sólo se retrata, aunque creo que es abrir una puerta a que otros tan “graciosos” como él respondan de una forma tan educada como la suya a esos insultos. No creo que sea una manera civilizada de entender nuestra convivencia pero este es sólo mi punto de vista, que quizás esté ya caduco, quizás, quizás.