lunes, 27 de febrero de 2017

En torno a una sentencia


Leo en la prensa que un sindicato policial comenta de forma crítica algún párrafo de la reciente sentencia recaída sobre los incidentes que tuvieron lugar en la Facultad de Filosofía y Letras, o como se llame ahora, de nuestra ciudad, cuando un grupo de ajenos a la misma boicoteó una conferencia que se daba en ella.

Como yo también me he sorprendido por esos párrafos, con el máximo respeto y haciendo uso de la libertad de expresión para discrepar con el contenido de las resoluciones judiciales que utilizan diariamente los políticos, los sindicalistas y hasta los tertulianos legos en cuestiones jurídicas pero que de todo saben, me permito exponer mi opinión al respecto.

Vaya por delante mi respeto a esta sentencia que no dudo estará ajustada a Derecho y con arreglo a los hechos probados que han sido objeto del juicio. Sin embargo, no hay que olvidar que el Juez, una ser humano al fin y al cabo, redacta sus sentencias conforme a su leal saber y entender, esto es, haciendo uso intelectual de una serie de elementos que han influido en la formación de su personalidad tales como su educación familiar, la enseñanza recibida, o las ideas religiosas y políticas que haya podido adquirir a lo largo de su vida

En la frase que origina este comentario Su Señoría equipara la situación que se vivió en la facultad gaditana con la que se pudo vivir en el ámbito universitario de nuestro País en otros tiempos anteriores.

Quizás por desconocimiento histórico o por pertenecer a una generación que no vivió en primera persona los acontecimientos a los que alude, ignora que en esos tiempos anteriores, que supongo serán los años finales del régimen de Franco y los inicios de la actual Democracia, los que pretendían dar conferencias ejerciendo una libertad de expresión que entonces no se reconocía legalmente eran, para entendernos, los demócratas, víctimas de unos jóvenes airados que eran, para entendernos, los fascistas, que irrumpían en unos centros que les eran ajenos amenazando para impedir el ejercicio de ese derecho. La policía, al igual que los jueces, permanecían neutrales porque ese derecho entonces no existía. Los que en el siglo XXI pretendían dar una conferencia en Cádiz ejerciendo una libertad de expresión que ahora sí está reconocida en la Constitución y en las leyes eran, para entendernos, los demócratas,víctimas de otros jóvenes airados que eran, para entendernos, los fascistas, que irrumpieron con amenazas en una facultad que les era ajena para impedir el ejercicio de ese derecho. La policía y los jueces ahora sí tienen la obligación de intervenir porque es un derecho reconocido a los ciudadanos que ellos deben proteger.

El juzgador actuando correctamente por supuesto, ha dictado su sentencia ajustada a Derecho aunque influida inconscientemente por sus ideas políticas; por eso se ha inclinado por los acosadores, los fascistas para entendernos; yo, que no tengo esas ideas políticas, pues soy una persona tolerante con las ideas de los demás siempre que las expongan respetuosamente, me hubiera inclinado por los acosados, los demócratas para entendernos pero, como dije antes, mi opinión no tiene más importancia, es sólo una cuestión de ideología política.







 

domingo, 26 de febrero de 2017

Un magnífico libro


Manuel Ravina Martín, que además de un magnífico historiador quizás sea el mejor genealogista gaditano, nos acaba de enriquecer con su nuevo libro que trata sobre cuatro familias musicales gaditanas de los siglos XVIII y XIX, a las que sigue su rastro y su vida en Cádiz hasta nuestros días.

Me alegro por la publicación de esta obra que nos refirma, aunque quizás sólo a un puñado de nostálgicos, en nuestra idea de que existió otro Cádiz, en el que la cultura no era un bien carente de valor y digno de ser eliminado, sino algo que vivía la ciudad como una cosa natural, y que se transmitía a través de las generaciones familiares. En este caso estas familias tenían relación con la música, pero igualmente podía establecerse la misma relación con el comercio, con el periodismo o con la medicina por ejemplo.

Por supuesto que este libro no ha despertado el mínimo interés ni se ha publicitado ni en la prensa local ni en los medios que se consideran cultos de nuestra ciudad. Hay que tener en cuenta que no trata sobre el Carnaval, aunque quizás tenga más relación con éste de lo que sospechen estos cultos (y cultas hay que ser políticamente correctos) críticos literarios.

Si quieren enterarse del ambiente musical gaditano del XIX y de parte del XX, aunque no entiendan de música, no dejen de leer este libro; su temática y el nombre de su autor son suficiente garantía de que van a disfrutar con unas excelentes líneas que les sumergirán en la desaparecida cultura gaditana de otros tiempos.

viernes, 3 de febrero de 2017

Lo que el viento se llevó.

            Recuerdo durante la Transición, cuando llevaba en la Diputación Provincial un modesto negociado creado a toda prisa en el que, auxiliado por otra persona, se llevaban todos los temas administrativos en materia de Cultura, Educación, Deporte, Turismo y Fomento y Desarrollo, cinco áreas actuales, el desprecio con el que los nuevos políticos trataron a las instituciones culturales que se encontraron a su llegada. En concreto en el edificio de la plaza de España residía el Instituto de Estudios Gaditanos, al que legalmente dejaron intacto, pero  del que despreciaron su fondo bibliográfico, abandonado en su mayor parte en un pasillo a merced de cualquiera y el resto confinado en un cuarto en la azotea en el que había hasta ratones, ante mis inútiles protestas que sólo sirvieron para empezar a labrarme un perfil de persona no adicta al nuevo régimen. Peor lo pasó otro compañero al que  ordenaron que montara y atendiera la caseta de la Diputación en una feria del libro, caseta que llevaba un rótulo con el nombre de la Corporación y del Instituto que editaba los libros que en ella se vendían; la aparición de dicho rótulo provocó la ira en un Diputado, hoy una alta personalidad en la vida pública gaditana, que llegó al insulto personal vía telefónica, actitud disculpable ya que, al haber ingresado en el P.S.O.E. directamente del Frente de Juventudes del Movimiento, todavía no había tenido tiempo de aprender a relacionarse con sus subordinados en una democracia.

            Esta actitud la justificaban por entender, con razón, que esta institución era un refugio de viejos carcamales franquistas, aunque no sólo había de éstos. Ello no impidió que, pasados los momentos iniciales de euforia por la conquista del poder, estos viejos carcamales franquistas volvieran a tener las puertas abiertas e incluso algunos siguieran publicando sus obras y teniendo influencia ahora compartida con compañeros de partido y con una fauna de amigotes, pijos y otros bichos raros representantes de la nueva modernidad, y toda clase de mangantes que se aproximaron vendiendo falsos proyectos culturales a cambio de la correspondiente subvención.

            Para ser justos debo decir que pasados unos años se recompuso la situación, y la Diputación Provincial fue el centro de referencia de publicaciones sobre temas provinciales, asesorada por la nueva generación de profesores que vivieron el pase del Colegio Universitario a la U.C.A.

Una obra del Instituto de Estudios Gaditanos
            Situación similar se vivió en el Ayuntamiento, aunque creo que Carlos Díaz sí protegió durante años el organismo correlativo, la Cátedra Adolfo de Castro de la Fundación Municipal de Cultura que acabó igualmente desapareciendo. Todavía recordamos los aficionados a la historia local su Boletín Bibliográfico de Historia, que tan útil información nos facilitaba.

El Boletín de la Cátedra
            Pero todos esos organismos tenían un pecado de origen, que en ellos se admitía la participación de simples ciudadanos más o menos preocupados por la cultura provincial y local, lo que no podían permitir, por desconfianza o por otros motivos peores, unos políticos a los que se les llenaba la boca de palabras vacías sobre la participación y el voluntariado. Pedir a estas alturas que se abran de nuevo éstas u otras instituciones similares es perder el tiempo; cuando los estamentos políticos requieren la colaboración ciudadana no piensan en el mundo cultural, que las nuevas generaciones desconocen, pero sin embargo no tienen reparo en admitir en este campo a cualquier aventurero o buscavidas que se camufle como uno de los suyos, como hace por ejemplo  el actual Ayuntamiento de Cádiz.    


            Dejemos ya las nostalgias; los organismos a los que nos referimos son parte de la historia cultural de nuestra provincia y nuestra ciudad que ya no resucitarán, la nueva modernidad se ofrece espectacularmente prometedora, adaptémonos al siglo XXI.

martes, 31 de enero de 2017

Socialistas de Alcalá

            Un amigo me advierte que en el libro que he publicado recientemente Casinos, sindicatos y cofradías que trata sobre el asociacionismo en la provincia no aparecía la existencia de la Agrupación Socialista de Alcalá de los Gazules, pionera de la provincia de Cádiz y la primera de carácter rural en toda España. Es lógico que explique esta omisión a quienes echen en falta la mención de este grupo socialista, cuya creación se ha conmemorado esta semana pasada.

            Cuando, hará unos cinco años estaba terminando la redacción del libro, conocedor de la existencia de este grupo, aunque no lo había localizado en mis investigaciones, me dirigí aprovechando un puente laboral a Alcalá de los Gazules para visitar su archivo municipal, aprovechando además el viaje para visitar Jimena de la Frontera. En esta última población apenas si encontré ninguna documentación, a pesar de la amable disposición de sus funcionarios lo que desde aquí agradezco. Conocedor de que en cambio en Alcalá sí existía un buen archivo municipal ordenado y catalogado con la ayuda de la Diputación Provincial, esperé encontrarlo en funcionamiento, pero mi gozo en un pozo, el archivo estaba cerrado, por lo que me encaminé al Ayuntamiento donde me informaron que a causa de los recortes de la crisis se habían rescindido los contratos con el personal que lo atendía.

            Como solución me ofrecieron el que dirigiera una solicitud a la Alcaldía, solicitando que me autorizaran visitar el archivo y el motivo de mi consulta. Tras guardar en el patio de la casa consistorial dos colas, una para recoger el modelo de instancia y otra para entregarla cumplimentada, esperé en vano que me avisaran indicándome el día en que podría acceder a la consulta de sus fondos. Lo intenté de nuevo intentando la mediación de mi entonces Jefe en la Diputación Carlos Perales, quien creo recordar que era o había sido concejal de ese Ayuntamiento, pero esa gestión también resultó infructuosa. Al fracasar en mis intentos, renuncié a buscar en ese archivo municipal la documentación que no había localizado hasta entonces y que quizás pudiera acreditar la existencia de ese grupo de socialistas.

            Reconozco la autoridad del profesor Diego Caro Cancela, el principal estudioso de los orígenes del movimiento obrero en la provincia, por lo que ni me planteo dudar de la veracidad de su descubrimiento; pero quizás el hecho de que se tratara de un pequeño grupo, que sólo tuvo vida activa durante dos años, de 1886 a 1888, unido a que el movimiento socialista desapareciera de Alcalá de los Gazules y no reapareciera hasta la II República, originó que estos pioneros no pudieran organizarse del todo y que sus relaciones con las autoridades, al menos como asociación legalizada, fueran inexistentes.

            Por ello, sin perjuicio de reconocer al grupo de Alcalá de los Gazules su carácter pionero en esta provincia, me permito recordar a las primeras agrupaciones socialistas legalizadas ante el Gobierno Civil o ante sus respectivos Ayuntamientos que figuran en mi citado libro: Cádiz 1893, El Puerto 1900, La Línea 1902 y Jerez 1919.               

            

lunes, 30 de enero de 2017

La desamortización municipal


Mi nueva publicación.
             En 2014 el entonces Presidente de la Diputación Provincial José Loaiza García, quien tanto decepcionó a algunos compañeros ingenuos que creyeron que, por pertenecer a otro partido político, tendría un concepto distinto de la ética, la honradez y el respeto debido a las leyes, publicó en el prólogo a un libro publicado a un compañero de su partido por la Corporación que presidía lo siguiente: “Entre las funciones y competencias que la Diputación Provincial de Cádiz viene asumiendo y ejerciendo, se encuentra la divulgación cultural de cuantas actividades, estudios e investigaciones, acercan el conocimiento de la provincia de Cádiz a los gaditanos y redundan en su beneficio”.

            Confiando en esta idea hará catorce o quince años presenté el libro que ahora les presento a la casa rosada de la plaza de España, de la que entonces era funcionario, por si consideraba oportuna su publicación. Como verán los que tengan la curiosidad de leerlo, se trata de un capítulo muy importante de la historia del municipalismo provincial, que sufrió un gran expolio cuando, agotados ya los bienes vendibles de la Iglesia, el Estado necesitó más dinero para hacer frente a los gastos de la interminable guerra carlista. Al entonces Ministro de Hacienda Pascual Madoz se le ocurrió la idea de hacer lo mismo con los bienes de los Ayuntamientos que al fin y al cabo para su ideología liberal eran también manos muertas al igual que la Iglesia y sus órdenes religiosas.

            Este libro trata del desarrollo de ese proceso desamortizador en nuestra provincia, analizado municipio por municipio de los que entonces la componían. Pensaba que, además de una obra útil para completar la historia provincial, serviría también para las respectivas historias locales, pues había pocas publicaciones sobre este tema y además podía servir de base para futuras investigaciones.

            Tras unos meses de espera recibí la contestación con el habitual estilo cortijero que se usaba y, espero que ya no se use, en el palacio rosa de la plaza de España. Se me comunicó verbalmente y sin darme ningún papel que el Diputado competente graciosamente había autorizado su publicación. Esperé en vano que ésta se llevara a cabo durante varios años, pero siempre se quedaba para el año próximo por falta de presupuesto, siempre agotado éste por compromisos personales del Diputado o del Presidente, hasta que a los cuatro o cinco años dejé de preguntar, suponiendo que serían prioritarias otras obras más interesantes que la mía.

            Cuando habían transcurrido unos diez años de la entrega de mi obra pedí formalmente a mis compañeros la devolución del ejemplar para entregarlo a una imprenta para su publicación a mi costa. Contra todas las normas administrativas y de la simple educación personal, ni se me contestó. Ya no estaba el PSOE, ahora era el PP el que usaba el mismo sistema caciquil del desprecio, no ya al compañero sino al ciudadano, pues la condición de funcionario, al menos por ahora, no creo que prive a nadie de su ciudadanía. Para mi fortuna pude recomponer una copia, por lo que resultó innecesaria la entrega del ejemplar que unos compañeros, de forma casi clandestina, habían localizado en el servicio correspondiente.

            Este trabajo, utilizando una frase muy usada, viene a rellenar una laguna importante en la historiografía gaditana del siglo XIX; si no me creen lean las historias locales que suelen aportar datos muy pobres sobre este tema, con la excepción de Cádiz, Vejer y Conil.

Aprovecho esta entrada para amenazarles que tengo ya recogido casi todo el material archivístico para confeccionar la historia de la desamortización eclesiástica de Mendizábal y Espartero en nuestra provincia y de sus resultados; aunque, dada la envergadura de la obra y mis limitaciones físicas, creo que a lo sumo lograré redactar este episodio histórico limitado a la ciudad de Cádiz, si mis otros proyectos pendientes de terminar me lo permiten. 
            Como ven es un libro que ha tenido un nacimiento dificultoso, pero que al fin está, al menos en las bibliotecas públicas, a disposición de cuantos se interesen por la historia de nuestra tierra. Espero que puedan disfrutar con su lectura.


¿Machado machista?

       
    En los años sesenta del pasado siglo se pusieron de moda dos expresiones que venían de la entonces primera potencia mundial de Occidente, los Estados Unidos: la de mayoría silenciosa y la de lo políticamente correcto; se referían respectivamente a la mayoría de ciudadanos que apoyaban tácitamente a su gobierno frente a los que participaban en las manifestaciones que entonces se realizaban contra la guerra de Vietnam, y a la doctrina que emanaba de ese gobierno belicista y que se quería imponer a la prensa y a la vida diaria frente al lenguaje sincero y libre de los que entonces se llamaban progresistas. Eran expresiones propias de la derecha norteamericana que la izquierda europea, entre la que podíamos incluir a una muy endeble izquierda española, se encargó de demonizar condenando su sentido y hasta su propio uso.

            Pero los tiempos cambian. En el siglo XXI una izquierda ignorante que tiene a gala dar por finiquitados conceptos como el de la honradez o el de la cultura, y a la que le aburre cualquier preocupación ideológica hasta el extremo de adoptar como suyas ideas de sus adversarios como el nacionalismo, al estar preocupada tan sólo en buscarse su supervivencia económica y el sustento de los suyos con los fondos públicos de nuestros impuestos, se ejercita en cambio en prácticas tan progresistas como la censura del lenguaje,  que ahora debe ajustarse a una ortodoxia establecida no se sabe bien donde no por quién.
       
            Esta reflexión viene a cuento al leer la muy cuidada edición facsímil de Juan de Mairena: Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo de Antonio Machado, editada por la Universidad Internacional de Andalucía en 2014.

            En este maravilloso libro aparecen aisladas algunas ideas de su autor que, sometidas al análisis de la crema de la intelectualidad progresista actual imbuida de modernos conceptos feministas y animalistas, no dejarían en muy buen lugar al ilustre maestro sevillano.

            Respecto al lugar social de las mujeres se expresaba así en la página 116: “Donde la mujer suele estar, como en España –decía Juan de Mairena-, en su puesto, es decir, en su casa, cerca del fogón y consagrada al cuidado de sus hijos, es ella la que casi siempre domina, hasta imprimir el sello de su voluntad a la sociedad entera. El verdadero problema es allí el de la emancipación de los varones, sometidos a un régimen maternal demasiado rígido. La mujer perfectamente abacia (no he encontrado su significada, ignoro si es una errata o se refiere a abacial o conventual) en la vida pública, es voz cantante y voto decisivo en todo lo demás.”   

            Del voto femenino decía a continuación “Si unos cuantos viragos del sufragismo, que no faltan en ningún país, consiguiesen en España de la frivolidad masculina la concesión del voto a la mujer, las mujeres propiamente dichas votarían contra el voto; quiero decir que enterrarían en las urnas el régimen político que, imprudentemente, les concedió un derecho al que ellas no aspiraban.”

            En la página 244 aborda el “tema de la tauromaquia, cosa tan nuestra, -tan vuestra sobre todo- y, al mismo tiempo tan extraña”, alerta que hay que estar “un poco en guardia contra el hábito demasiado frecuente de escupir sobre todo lo nuestro, antes de acercarnos a ello para conocerlo.” Dice que “alguna vez hemos de meditar sobre las corridas de toros, y muy especialmente sobre la afición taurina.”

            Aunque anteriormente Mairena había expresado a sus alumnos “mi poca afición a las corridas de toros”, confesando que nunca le habían divertido y sospechaba que no divertían a nadie por ser un espectáculo demasiado serio para la diversión, sentencia sobre ellas “Nosotros nos preguntamos, porque somos filósofos, hombres de reflexión que buscan razones en los hechos, ¿qué son las corridas de toros?, ¿qué es esa afición taurina, esa afición al espectáculo sangriento de un hombre sacrificando a un toro, con riesgo de su propia vida? Y un matador señores –la palabra es grave-, que no es un matarife –esto menos que nada- ni un verdugo, ni un simulador de ejercicios cruentos, ¿qué es un matador, un espada, tan hazañoso como fugitivo, un ágil y esforzado sacrificador de reses bravas, mejor diré de reses enfierecidas para el acto de su sacrificio? Si no es un loco –todo antes que un loco nos parece este hombre docto y sesudo que no logra la maestría de su oficio antes de las primeras canas-, ¿será acaso, un sacerdote? No parece que pueda ser otra cosa.” 

            Respetando que se trata de un ensayo que habrá que tratar con las licencias que exige toda obra literaria, no cabe duda que transluce unos pensamientos que se inscriben dentro de la mentalidad del autor. En el tema del voto femenino se encuadra dentro de la oposición de la izquierda de la II República a este voto por suponer a la mujer española sometida a influencia de una Iglesia Católica muy conservadora. Su opinión sobre la tauromaquia se inscribe en el intento de los intelectuales de su generación por descubrir la verdadera naturaleza de las corridas de toros, lejos del simple espectáculo brutal y asesino de maltrato animal que sostienen hoy día la ideología animalista.


              Aunque estas reflexiones del maestro no hay que separarlas del ambiente cultural y la mentalidad social de la época en que se movían los hermanos Machado, leídos hoy a una juventud ligera de pensamiento y poco dispuesta al análisis y la lectura reposada, lo condenarían tristemente al infierno donde debe purgar la casta de reaccionarios y fascistas, condenados mediáticamente por quienes ignoran casi todo sobre su obra y su verdadero pensamiento.

viernes, 27 de enero de 2017

Horario de farolas

            Siempre he escuchado críticas a las horas en que se encendía y se apagaba el alumbrado público en Cádiz, unas veces por tardar en encenderse las luces, cuando ya las sombras de la noche se estaban adueñando de las calles de la ciudad, y otra por mantener las farolas encendidas a plena luz del día, y eso con los adelantos modernos que ahora permiten graduar el encendido según sea la intensidad lumínica en cualquier hora. 

            Para que vean que esta inquietud por el ahorro en el alumbrado público ya preocupaba a los munícipes gaditanos del siglo XIX, aunque entonces no presumían de transparencia como los actuales, les adjunto la relación por meses de los horarios de encendido y apagado de las farolas de Cádiz, que se publicaba en bandos y en el Boletín Oficial de la Provincia para mayor información.


            Estas son las horas en que en 1849 los faroleros, descargados por el moderno gas de su molesta y sucia obligación de llenar previamente de combustible  las farolas, procedían simplemente a subir con su pequeña escalera para encender las mechas que iniciarían la combustión del gas y con ella iluminarían una ciudad entonces moderna y civilizada al nivel de cualquier capital española e incluso europea.



Me regalaron este libro

        


    Mis hijos Sabrina y Germán me han regalado por Navidad este libro del escritor libanés residente en Francia Amín Maalouf y premio Príncipe de Asturias de 2010. Aprovechando su ingreso en 2012 en la Academia Francesa, ha escrito esta historia sobre la creación de esta institución tan prestigiosa, para lo que se ha servido de unas pequeñas biografías de sus antecesores que ocuparon su sillón, desde la fundación de la Academia hasta el antropólogo Claude Lévi-Strauss al que sucedió tras su fallecimiento.

            He disfrutado mucho con su lectura porque nos ofrece un viaje por la cultura francesa y europea de estos siglos, que no resultó tan diferente de la nuestra aunque suene extraño. En España también han existido unas élites preparadas que sintonizaron con los movimientos innovadores de la cultura europea de su época, aunque por las circunstancias históricas nunca tuvieron la influencia ni en el país ni en sus gobernantes que tuvieron sus correlativos franceses o alemanes.

            Una forma muy original de contarnos la historia de la Academia a través de este libro serio pero ameno y divulgativo. En suma un buen homenaje de su autor a la institución que le acogió.

            Gracias Sabrina.

              

domingo, 22 de enero de 2017

Cádiz pudo tener su Bolsa de Comercio.

            En 1885 la Junta Directiva del Círculo Mercantil de Cádiz promovió la creación de una Bolsa General de Comercio en la ciudad. Tramitado el expediente por el Gobierno Civil, al amparo de una Orden del Ministerio de Agricultura, Industria y Comercio de 28 de junio de 1886, dos años después concluyó el mismo con los informes que se solicitaron a particulares y corporaciones, que entonces formaban las denominadas fuerzas vivas de la ciudad y que intentaré resumir.

            El Círculo Mercantil consideró que era de vital interés para la ciudad, ofreciendo su propia sede para la instalación inicial de la misma y comprometiéndose a costear el proyecto arquitectónico de la sede definitiva.

            Los señores Aramburu Hermanos “en su opinión y en la de los demás banqueros de esta capital” se mostraron favorables a la idea.

            En el mismo sentido se expresaron los señores Moreno y Quintana “consultados los demás comerciantes de la localidad”.

            En cuanto al Ayuntamiento en su sesión de 30 de septiembre de 1886 acordó sumarse al proyecto “por lo utilísimo y conveniente que será para Cádiz la realización de tal proyecto”.

            La Diputación Provincial en su sesión de 16 de diciembre de 1886 acordó “elevar una exposición a la superioridad sumándose a tan general deseo”.

            El Consejo Provincial de Agricultura, Industria y Comercio se adhirió “por unanimidad”, “conociendo la necesidad que existe de un centro de contratación en esta Plaza subvencionado por el Gobierno y sostenido por sus propios hijos” y esperando “los benéficos resultados que ha de producir su realización”, pidió que se le aplicara la misma reglamentación que tenía la Bolsa de Madrid creada en 1831 pero regulada en 1854.

            En el mismo sentido, la Sociedad Económica Gaditana de Amigos del País acordó en su reunión de 29 de enero de 1887 “adherirse a tan importante proyecto” y dirigirse al Ministro “encareciéndole la necesidad que tiene Cádiz del establecimiento de dicha Bolsa de Comercio”.

             Por último emitió su informe la Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación de Cádiz, pero lo hizo en sentido negativo. Conforme con el acuerdo adoptado en su sesión de 5 de febrero de 1887, manifestó su oposición al proyecto “porque las costumbres de esta Plaza no exigen como otras un centro de contratación”, ni “se concluirían anualmente en la Bolsa un número de negocios suficiente para justificar su existencia por la poca extensión que ocupa la parte mercantil de la Plaza” desconociendo “los grandes beneficios que podría aportar al progresivo desarrollo de los intereses mercantiles y de todas las clases de esta población”. Terminaba pidiendo al Gobernador que reclamara a los partidarios de la idea que manifestaran la cantidad que estaban dispuestos a aportar para la instalación de la Bolsa.

            El Gobernador accedió a lo anterior, y ofició dirigirse a los promotores de la Bolsa a que dijeran el importe de su aportación económica, pero los oficios no llegaron a salir del Gobierno Civil, quizás la oposición de la joven pero ya pujante Cámara de Comercio bastó para echar por tierra este proyecto.

            Lo que son las cosas, salvo el Ayuntamiento y la Diputación Provincial, ya han desaparecido de Cádiz la mayoría de los partidarios de la creación de la Bolsa, la Sociedad Económica, los banqueros y casi casi los comerciantes. Sólo permanece pujante en su sede de Antonio López la Cámara de Comercio que, quizás por pensar que sería una competencia a su existencia, se opuso al proyecto.

            Una vez más Cádiz perdió una oportunidad de contar con una institución que la igualaría con las entonces principales capitales españolas.

      Las cosas de nuestra tierra.

La antigua sede de la Bolsa de Madrid en la plaza del Ángel esquina a Carretas.
            Del Archivo Municipal de Cádiz.

               

¿Por qué no se reedita?

            Aunque sé que esta petición, por la insignificancia de esta bitácora y su corto alcance, no surtirá el más mínimo efecto, pero lo dejo escrito por si alguien, con más autoridad o influencia en los medios culturales y políticos, recoge la idea y propicia el llevarla a cabo.

            Se trata de que, aprovechando la conmemoración del traslado de la Casa de  Contratación a nuestra ciudad, se proceda a la re edición de la obra “El pleito Cádiz Sevilla por la Casa de Contratación” editada por la Diputación Provincial de Cádiz en 1984 que contiene el texto facsímil de la Representación que en nombre de la ciudad de Cádiz confeccionó Francisco Manuel de Herrera junto con un estudio preliminar de Manuel Ravina Martín, autoridad indiscutible en esta materia, según se reconoce hasta en nuestra prensa local, reacia a veces a reconocer los verdaderos valores culturales que todavía existen en nuestra ciudad.

¿A quién se dirige esta petición? Poco se puede esperar del Gobierno de la Nación ni de sus representantes en Cádiz, ni sus gustos culturales ni su idea de España les permite pararse a resaltar o conmemorar momentos destacados de su Historia, como ya pudimos comprobar en el 2012.

Tampoco puedo dirigir la petición a la Junta de Andalucía por motivos obvios. No sólo por ser una autonomía que parece que comprendiera sólo dos provincias, Málaga y Sevilla, sino que, por el propio hecho histórico del que trata esta obra, se produciría un rechazo de la misma debido a la personalidad folclórica trianera y sevillana de la persona que dirige el gobierno andaluz.

Inútil sería pedir que esta reedición corriera a cargo, algo lógico en otras latitudes, del Ayuntamiento de Cádiz, que por su ideología, o quizás por la falta de ella, ejerce un clamoroso desprecio hacia cualquier actividad cultural seria. En cuanto a su concepto de la Historia de la ciudad, quizás piense como el autor de esta pintada que apareció hace años firmada por uno de los colectivos que formarían años después este movimiento que nos gobierna: CORTES DE CÁDIZ=FASCISTAS. Sobran más argumentos.

Sí me dirijo a la Diputación Provincial, que en su día manifestó tener la suficiente sensibilidad cultural para imprimirla y que ahora, ha tomado a su cargo, ante la indiferencia de las administraciones antes citadas, la tarea de gestionar y organizar esta celebración. El coste de su impresión no sería muy elevado, si quiere se puede hacer una edición menos lujosa que la anterior que era una verdadera joya bibliográfica, pero creo que supliría la falta de estudios especializados sobre este hecho histórico.

La obra cuya re edición pido. 

Su autor, el tema y el respeto debido a la historia de Cádiz merecen y justifican este no excesivo gasto.