martes, 18 de febrero de 2014

EL "AGUAOR" DE SAN ANTONIO


"La Columna" en 1851.

         Cuando yo era niño los “aguaores” eran unos señores que aparecían en las aglomeraciones que se formaban en las entradas de los cines, del fútbol o de los toros, vestidos con chaquetilla blanca, con un cántaro al hombro y con una canana de metal reluciente en la que descansaban unos vasos de cristal, ofreciendo su mercancía a los sedientos transeúntes por el insignificante precio de una perra gorda, diez céntimos de las antiguas pesetas.

Pero también desde muy joven escuché que también llamaban la del “aguaor” a la cofradía de la Columna de San Antonio. Desconocía a qué se debía esta denominación popular hasta que se me desveló el misterio, pasado ya el ecuador del siglo XX, cuando se planteó sacar su imagen en procesión con ocasión de una sequía que asolaba los campos de nuestra provincia.  

            Para comprender este apelativo, sin remontarnos muchos siglos atrás, nos situaremos en el siglo XIX, en una Iglesia Católica que, hasta el Concilio Vaticano II, propiciaba una religión muy materialista, en la que había que rendir culto a Dios, con oraciones, ofrendas y limosnas, para pedirles favores materiales o para intentar aplacar su ira permanente por los pecados del Mundo. Esta ira divina se manifestaba por medio de epidemias o fenómenos naturales; la peste, una sequía continuada o el maremoto en el caso de Cádiz eran señales del castigo divino que sólo terminaría cuando los fieles cumplieran con la expiación correspondiente.

Uno de los medios para borrar las culpas y obtener el perdón divino eran las rogativas a las imágenes adecuadas, ya que existía una especialización y no servía cualquier imagen, y al igual que San Roque era el especialista en las epidemias, en Cádiz el especialista en sequías era, y supongo que todavía lo será para muchos, la imagen del Cristo azotado de la cofradía de San Antonio.

 Un ejemplo bastará, ocurrió en 1851, cuando la Junta de Gobierno de esta cofradía formada por el Mayordomo 1º Manuel de Segovia, el Mayordomo 2º Antonio Yelo, el Secretario Carlos García y el Director Espiritual Salvador Moreno, se dirigen al Alcalde mostrándole “la grave necesidad en que nos hallamos constituidos por la falta de lluvia que hace ya tiempo se experimenta”, como “cofrades de la de Penitencia de N. P. Jesús ligado a la Columna” y “convencidos por la experiencia de la eficacia que siempre ha sido, para el remedio de esa penuria las súplicas al Señor ante esa su sagrada Imagen”, habían concertado con el párroco de San Antonio “una devota novena”, pero no creían que fuera suficiente con ésta “si no se le pide al Señor públicamente, si no toma parte el pueblo todo con los clamores que parece exige y si no se le conduce en pública y solemne rogativa a la Santa Iglesia Catedral, como en otras ocasiones semejantes se ha practicado y con muy buenos efectos”.

Y “siendo propio del Excmo. Ayuntamiento como representante del pueblo promover esta rogativa”, “persuadidos de la religiosidad de sus individuos, no menos que la de V. S.” pedían que fuera la Corporación municipal la que solicitara al Obispo que se celebrara esta procesión.

El Ayuntamiento acordó solicitar la rogativa y asistir a ella tras lo que el Obispo Fray Domingo de Silos Moreno se dirigió al Gobernador Civil y al Alcalde con una carta de fecha 10 de diciembre en la que les expone “La extraordinaria sequía que aflige a la Capital y Pueblos de la Provincia causa ya inquietudes vivísimas a todos sus habitantes, temiendo con razón que, si el mal se prolonga algunos días más, se aumenten hasta un punto no fácil de calcular los rigores que estamos padeciendo”.

Como era su obligación “excitar la fe y la piedad de mis diocesanos para que acudan conmigo al Dios de las misericordias rogándole se apiade de nosotros y nos envía la lluvia tan deseada” y convencido de que “El Señor, cuya justicia castiga con estas calamidades públicas los pecados de su Pueblo, ha prometido oírnos y acudir al remedio, siempre que contritos y humillados nos volvamos a él y con espíritu y obras de verdadera penitencia imploremos sus piedades”.

Por ello había dispuesto una procesión solemne con asistencia de todo el clero de la ciudad, a la que invitaba a las autoridades, que saldría de la Catedral, “haciendo estación en la Parroquia Auxiliar de San Antonio” de la que “volverá conduciendo la Sagrada Imagen de Nº. Sr. Jesucristo de la Columna, que se expondrá a la veneración pública de los fieles durante los nueve días de rogativas, o más si continuase el grave conflicto en que nos hayamos”.

El 2 de Enero de 1852 el Obispo se dirige de nuevo al Gobierno Civil y al Ayuntamiento porque “Habiéndose dignado el Señor oir las oraciones y los votos de su Pueblo y mandarnos la lluvia de que tanta necesidad tenía este vecindario y los campos de la Provincia”, correspondía agradecer el favor recibido celebrando el domingo 4 en la Catedral un solemne Tedeum, tras el que saldría la imagen, que había permanecido expuesta en la Catedral, de vuelta a San Antonio en otra procesión solemne a la que se volvía a invitar a las autoridades “a este acto en que tanta parte debe tomar la Piedad y la gratitud del Pueblo”.

Es un pequeño pero claro ejemplo del uso utilitario de una representación de la Divinidad, con destierro incluido en la Catedral, y sin que pudiera regresar a su templo habitual hasta que accediera a los ruegos de los fieles y enviara la lluvia tan esperada; y una muestra de la religiosidad popular gaditana ya olvidada.

 
El Obispo intermediario.

  Del Archivo Histórico Municipal de Cádiz.

 

 

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