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viernes, 4 de agosto de 2017

Parecidos sazonables

            Observando la vida política nacional he recordado las clases del antiguo Bachillerato que cursé en el Instituto Columela de la calle San Francisco. En concreto las de la asignatura llamada Formación del Espíritu Nacional, las aburridas clases de política, con las que el Régimen intentaba aleccionarnos sobre las excelencias de su ideología del partido único, la Falange, en una Europa que caminaba desde el final de la II Guerra Mundial por otro lado.

            Este recuerdo me lo ha traído la aparición de una fuerza política que según dicen trae nuevas formas y soluciones a la crisis política, social y moral que vive España desde hace años. No pretendo ser original, pero no he podido dejar de comparar las cosas que nos decían y nos hacían estudiar entonces con las fórmulas novedosas del nuevo grupo político.

            En primer lugar hay que reconocer que la ideología y las formas que adquieren ambas fuerzas políticas vienen diseñadas por sus líderes supremos. Los dos grupos se definirán por lo que digan sus líderes o fundadores, José Antonio Primo de Rivera en el primer caso y Pablo Iglesias en el segundo. Lo que ellos digan será de obligada creencia y cumplimiento para sus seguidores. Así lo primero con lo que nos encontramos es con su adscripción  ideológica. En las clases de Política nos decían hasta la saciedad que la Falange no era ni de izquierda ni de derecha, lo mismo que nos dicen los nuevos, tampoco eran un partido al uso, eran un movimiento, expresión ambas que he escuchado al nuevo líder del siglo XXI. Además ambos no ocultaban su odio a la democracia representativa, que encarnaban en los años treinta del siglo XX la II República y en este siglo XXI el régimen de la Transición, ofreciendo como alternativa el primero la democracia orgánica de la familia, el municipio y el sindicato, algo parecido a la fórmula de Maduro en Venezuela, y el segundo la democracia participativa o asamblearia.

            Si nos fijamos en su vertiente social, ambas fuerzas nacen en el área geográfica madrileña y promovidas por unos jóvenes universitarios elitistas, los que entonces se llamaban señoritos, y a su llamada acuden sobre todo jóvenes, miembros de las clases medias destruidas por la crisis económica, obreros desengañados de los partidos y sindicatos de izquierda y el lumpen marginal urbano que se apunta enseguida a cualquier opción donde pueda haber alguna ganancia.

            Como fuerzas políticas innovadoras necesitan marcar las diferencias con los partidos clásicos. Tanto en la indumentaria, la camisa azul obrera de la Falange sería el equivalente al buscado desaliño anti burgués de los nuevos, como en su estética juvenil, influenciado el primer partido como todos el movimiento fascista por el Romanticismo, lo idealizan con referencias al espacio celestial, así se referían al puesto que tenían allí o hacían guardia junto a los luceros, por lo que resulta curioso que los nuevos pretenden ahora asaltar los cielos, supongo que será para después quedarse haciendo guardia en ellos.  
    

            Quizás mi incultura política me haga ver estos parecidos, pero el otro día, leyendo una buena obra histórica, El nacimiento del Fascismo, su autor Angelo Tasca dice que en 1921 cuando llegan los primeros diputados fascistas al parlamento italiano, para marcar las diferencias con las fuerzas políticas democráticas, se ausentaron mientras que el Rey de Italia daba su discurso inaugural, retornando después a sus escaños. ¿Les suena? Puede tratarse de una mala imitación o de una curiosa coincidencia. En todo caso sería otro parecido razonable.                            

jueves, 2 de marzo de 2017

Una fiscal progresista


En los años finales del Franquismo y al comienzo de la Transición, la palabra progresista o progre significaba aquélla persona o postura política que se identificaba con las ansias de cambio político, fuera de izquierda o de derecha.  Años después, esta palabra perdió su antiguo sentido, y pasó a representar la adscripción a o la simpatía hacia ciertos partidos políticos, perdiendo la relación con su primer sentido, al apropiarse de este vocablo los partidarios o militantes de esos partidos políticos.

Quizás por eso me extrañó hace algunos años, que la actual Fiscal Jefe de Cádiz, en una entrevista en Diario de Cádiz, se calificaba a si misma como una fiscal progresista. Si hubiera dicho de izquierdas la habría comprendido, pero al llamarse progresista no acertaba a comprender el alcance de su definición. Hacía muchos años ya que los llamados partidos que se consideraban progresistas habían dado de sí hasta donde llegaba su progresismo. Desde que los antiguos progresistas nos enteramos de asuntos turbios como los de Juan Guerra o Roldán por no citar otros casos igual de sangrantes o peores, renunciamos a llamarnos progresistas para que no nos confundieran con los pillos y golfos que, metidos a políticos habían copado los órganos directivos de partidos cuyas siglas en otros tiempos eran al menos símbolo de honradez.

Después pude sufrir como funcionario y como simple ciudadano la conducta rara, por decirlo de modo que no se me enfaden mucho, de los políticos que yo un tiempo atrás creía ingenuamente que eran progresistas.

Pero si rara era su conducta, igualmente rara era la de los que, en teoría estaban obligados a controlar y a reprimir en su caso esas conductas. En primer lugar a la supuesta oposición, los medios informativos, el tejido social asociativo y en último lugar la Polkicía, la Fiscalía y la Judicatura. Pronto comprendí que el entramado operativo y la influencia de la todopoderosa clase política llegaba a todos esos estamentos, por lo que cualquier intento de denuncia o de desmontar ese entramado, para algunos un tinglado, resultaba inútil. Es cierto que, en algunos casos, gracias sobre todo a denuncias de la prensa, se obtuvieron algunas sentencias ejemplares, pero era tanto lo que había que limpiar que conductas de dudosa legalidad quedaban impunes mientras que sus autores eran ensalzados como personas dignas de elogio y de imitación.

Sólo conocía a la Fiscal Jefe de vista por residir en mi barrio, me alegró hace años su ascenso ya que me parecía, y me sigue pareciendo, una persona con otra mentalidad distinta a la que tenían algunos de los fiscales del anterior régimen. Pero siempre me dolió que ella y sus compañeros no tuvieran la mínima curiosidad por enterarse de lo que pasaba en algunas de las administraciones por cuyos centros pasaban a diario, camino de su oficina. ¿Nunca hablaban con ningún funcionario vecino o conocido? ¿Nunca leían la prensa que aunque de forma tímida dejaba traslucir algo de lo que pasaba en el interior de esas instituciones?
¿En qué sociedad vivían que ignoraban lo que era de dominio público? ¿Cómo con lo que pasaba se podían seguir llamando progresistas?

Pero esas historias ya pasaron y ahora los tiempos son otros. Le deseo los mejores éxitos en su renovado cargo y confío en que seguirá desempeñando el mismo de forma correcta como hasta ahora lo viene haciendo, se lo desea de corazón un antiguo progresista que no puede evitar que, desde los años noventa del siglo pasado, considere ese calificativo despectivo y más propio de otra clase de persona que la que Usted representa.






lunes, 27 de febrero de 2017

En torno a una sentencia


Leo en la prensa que un sindicato policial comenta de forma crítica algún párrafo de la reciente sentencia recaída sobre los incidentes que tuvieron lugar en la Facultad de Filosofía y Letras, o como se llame ahora, de nuestra ciudad, cuando un grupo de ajenos a la misma boicoteó una conferencia que se daba en ella.

Como yo también me he sorprendido por esos párrafos, con el máximo respeto y haciendo uso de la libertad de expresión para discrepar con el contenido de las resoluciones judiciales que utilizan diariamente los políticos, los sindicalistas y hasta los tertulianos legos en cuestiones jurídicas pero que de todo saben, me permito exponer mi opinión al respecto.

Vaya por delante mi respeto a esta sentencia que no dudo estará ajustada a Derecho y con arreglo a los hechos probados que han sido objeto del juicio. Sin embargo, no hay que olvidar que el Juez, una ser humano al fin y al cabo, redacta sus sentencias conforme a su leal saber y entender, esto es, haciendo uso intelectual de una serie de elementos que han influido en la formación de su personalidad tales como su educación familiar, la enseñanza recibida, o las ideas religiosas y políticas que haya podido adquirir a lo largo de su vida

En la frase que origina este comentario Su Señoría equipara la situación que se vivió en la facultad gaditana con la que se pudo vivir en el ámbito universitario de nuestro País en otros tiempos anteriores.

Quizás por desconocimiento histórico o por pertenecer a una generación que no vivió en primera persona los acontecimientos a los que alude, ignora que en esos tiempos anteriores, que supongo serán los años finales del régimen de Franco y los inicios de la actual Democracia, los que pretendían dar conferencias ejerciendo una libertad de expresión que entonces no se reconocía legalmente eran, para entendernos, los demócratas, víctimas de unos jóvenes airados que eran, para entendernos, los fascistas, que irrumpían en unos centros que les eran ajenos amenazando para impedir el ejercicio de ese derecho. La policía, al igual que los jueces, permanecían neutrales porque ese derecho entonces no existía. Los que en el siglo XXI pretendían dar una conferencia en Cádiz ejerciendo una libertad de expresión que ahora sí está reconocida en la Constitución y en las leyes eran, para entendernos, los demócratas,víctimas de otros jóvenes airados que eran, para entendernos, los fascistas, que irrumpieron con amenazas en una facultad que les era ajena para impedir el ejercicio de ese derecho. La policía y los jueces ahora sí tienen la obligación de intervenir porque es un derecho reconocido a los ciudadanos que ellos deben proteger.

El juzgador actuando correctamente por supuesto, ha dictado su sentencia ajustada a Derecho aunque influida inconscientemente por sus ideas políticas; por eso se ha inclinado por los acosadores, los fascistas para entendernos; yo, que no tengo esas ideas políticas, pues soy una persona tolerante con las ideas de los demás siempre que las expongan respetuosamente, me hubiera inclinado por los acosados, los demócratas para entendernos pero, como dije antes, mi opinión no tiene más importancia, es sólo una cuestión de ideología política.







 

viernes, 3 de febrero de 2017

Lo que el viento se llevó.

            Recuerdo durante la Transición, cuando llevaba en la Diputación Provincial un modesto negociado creado a toda prisa en el que, auxiliado por otra persona, se llevaban todos los temas administrativos en materia de Cultura, Educación, Deporte, Turismo y Fomento y Desarrollo, cinco áreas actuales, el desprecio con el que los nuevos políticos trataron a las instituciones culturales que se encontraron a su llegada. En concreto en el edificio de la plaza de España residía el Instituto de Estudios Gaditanos, al que legalmente dejaron intacto, pero  del que despreciaron su fondo bibliográfico, abandonado en su mayor parte en un pasillo a merced de cualquiera y el resto confinado en un cuarto en la azotea en el que había hasta ratones, ante mis inútiles protestas que sólo sirvieron para empezar a labrarme un perfil de persona no adicta al nuevo régimen. Peor lo pasó otro compañero al que  ordenaron que montara y atendiera la caseta de la Diputación en una feria del libro, caseta que llevaba un rótulo con el nombre de la Corporación y del Instituto que editaba los libros que en ella se vendían; la aparición de dicho rótulo provocó la ira en un Diputado, hoy una alta personalidad en la vida pública gaditana, que llegó al insulto personal vía telefónica, actitud disculpable ya que, al haber ingresado en el P.S.O.E. directamente del Frente de Juventudes del Movimiento, todavía no había tenido tiempo de aprender a relacionarse con sus subordinados en una democracia.

            Esta actitud la justificaban por entender, con razón, que esta institución era un refugio de viejos carcamales franquistas, aunque no sólo había de éstos. Ello no impidió que, pasados los momentos iniciales de euforia por la conquista del poder, estos viejos carcamales franquistas volvieran a tener las puertas abiertas e incluso algunos siguieran publicando sus obras y teniendo influencia ahora compartida con compañeros de partido y con una fauna de amigotes, pijos y otros bichos raros representantes de la nueva modernidad, y toda clase de mangantes que se aproximaron vendiendo falsos proyectos culturales a cambio de la correspondiente subvención.

            Para ser justos debo decir que pasados unos años se recompuso la situación, y la Diputación Provincial fue el centro de referencia de publicaciones sobre temas provinciales, asesorada por la nueva generación de profesores que vivieron el pase del Colegio Universitario a la U.C.A.

Una obra del Instituto de Estudios Gaditanos
            Situación similar se vivió en el Ayuntamiento, aunque creo que Carlos Díaz sí protegió durante años el organismo correlativo, la Cátedra Adolfo de Castro de la Fundación Municipal de Cultura que acabó igualmente desapareciendo. Todavía recordamos los aficionados a la historia local su Boletín Bibliográfico de Historia, que tan útil información nos facilitaba.

El Boletín de la Cátedra
            Pero todos esos organismos tenían un pecado de origen, que en ellos se admitía la participación de simples ciudadanos más o menos preocupados por la cultura provincial y local, lo que no podían permitir, por desconfianza o por otros motivos peores, unos políticos a los que se les llenaba la boca de palabras vacías sobre la participación y el voluntariado. Pedir a estas alturas que se abran de nuevo éstas u otras instituciones similares es perder el tiempo; cuando los estamentos políticos requieren la colaboración ciudadana no piensan en el mundo cultural, que las nuevas generaciones desconocen, pero sin embargo no tienen reparo en admitir en este campo a cualquier aventurero o buscavidas que se camufle como uno de los suyos, como hace por ejemplo  el actual Ayuntamiento de Cádiz.    


            Dejemos ya las nostalgias; los organismos a los que nos referimos son parte de la historia cultural de nuestra provincia y nuestra ciudad que ya no resucitarán, la nueva modernidad se ofrece espectacularmente prometedora, adaptémonos al siglo XXI.

martes, 31 de enero de 2017

Socialistas de Alcalá

            Un amigo me advierte que en el libro que he publicado recientemente Casinos, sindicatos y cofradías que trata sobre el asociacionismo en la provincia no aparecía la existencia de la Agrupación Socialista de Alcalá de los Gazules, pionera de la provincia de Cádiz y la primera de carácter rural en toda España. Es lógico que explique esta omisión a quienes echen en falta la mención de este grupo socialista, cuya creación se ha conmemorado esta semana pasada.

            Cuando, hará unos cinco años estaba terminando la redacción del libro, conocedor de la existencia de este grupo, aunque no lo había localizado en mis investigaciones, me dirigí aprovechando un puente laboral a Alcalá de los Gazules para visitar su archivo municipal, aprovechando además el viaje para visitar Jimena de la Frontera. En esta última población apenas si encontré ninguna documentación, a pesar de la amable disposición de sus funcionarios lo que desde aquí agradezco. Conocedor de que en cambio en Alcalá sí existía un buen archivo municipal ordenado y catalogado con la ayuda de la Diputación Provincial, esperé encontrarlo en funcionamiento, pero mi gozo en un pozo, el archivo estaba cerrado, por lo que me encaminé al Ayuntamiento donde me informaron que a causa de los recortes de la crisis se habían rescindido los contratos con el personal que lo atendía.

            Como solución me ofrecieron el que dirigiera una solicitud a la Alcaldía, solicitando que me autorizaran visitar el archivo y el motivo de mi consulta. Tras guardar en el patio de la casa consistorial dos colas, una para recoger el modelo de instancia y otra para entregarla cumplimentada, esperé en vano que me avisaran indicándome el día en que podría acceder a la consulta de sus fondos. Lo intenté de nuevo intentando la mediación de mi entonces Jefe en la Diputación Carlos Perales, quien creo recordar que era o había sido concejal de ese Ayuntamiento, pero esa gestión también resultó infructuosa. Al fracasar en mis intentos, renuncié a buscar en ese archivo municipal la documentación que no había localizado hasta entonces y que quizás pudiera acreditar la existencia de ese grupo de socialistas.

            Reconozco la autoridad del profesor Diego Caro Cancela, el principal estudioso de los orígenes del movimiento obrero en la provincia, por lo que ni me planteo dudar de la veracidad de su descubrimiento; pero quizás el hecho de que se tratara de un pequeño grupo, que sólo tuvo vida activa durante dos años, de 1886 a 1888, unido a que el movimiento socialista desapareciera de Alcalá de los Gazules y no reapareciera hasta la II República, originó que estos pioneros no pudieran organizarse del todo y que sus relaciones con las autoridades, al menos como asociación legalizada, fueran inexistentes.

            Por ello, sin perjuicio de reconocer al grupo de Alcalá de los Gazules su carácter pionero en esta provincia, me permito recordar a las primeras agrupaciones socialistas legalizadas ante el Gobierno Civil o ante sus respectivos Ayuntamientos que figuran en mi citado libro: Cádiz 1893, El Puerto 1900, La Línea 1902 y Jerez 1919.               

            

lunes, 30 de enero de 2017

¿Machado machista?

       
    En los años sesenta del pasado siglo se pusieron de moda dos expresiones que venían de la entonces primera potencia mundial de Occidente, los Estados Unidos: la de mayoría silenciosa y la de lo políticamente correcto; se referían respectivamente a la mayoría de ciudadanos que apoyaban tácitamente a su gobierno frente a los que participaban en las manifestaciones que entonces se realizaban contra la guerra de Vietnam, y a la doctrina que emanaba de ese gobierno belicista y que se quería imponer a la prensa y a la vida diaria frente al lenguaje sincero y libre de los que entonces se llamaban progresistas. Eran expresiones propias de la derecha norteamericana que la izquierda europea, entre la que podíamos incluir a una muy endeble izquierda española, se encargó de demonizar condenando su sentido y hasta su propio uso.

            Pero los tiempos cambian. En el siglo XXI una izquierda ignorante que tiene a gala dar por finiquitados conceptos como el de la honradez o el de la cultura, y a la que le aburre cualquier preocupación ideológica hasta el extremo de adoptar como suyas ideas de sus adversarios como el nacionalismo, al estar preocupada tan sólo en buscarse su supervivencia económica y el sustento de los suyos con los fondos públicos de nuestros impuestos, se ejercita en cambio en prácticas tan progresistas como la censura del lenguaje,  que ahora debe ajustarse a una ortodoxia establecida no se sabe bien donde no por quién.
       
            Esta reflexión viene a cuento al leer la muy cuidada edición facsímil de Juan de Mairena: Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo de Antonio Machado, editada por la Universidad Internacional de Andalucía en 2014.

            En este maravilloso libro aparecen aisladas algunas ideas de su autor que, sometidas al análisis de la crema de la intelectualidad progresista actual imbuida de modernos conceptos feministas y animalistas, no dejarían en muy buen lugar al ilustre maestro sevillano.

            Respecto al lugar social de las mujeres se expresaba así en la página 116: “Donde la mujer suele estar, como en España –decía Juan de Mairena-, en su puesto, es decir, en su casa, cerca del fogón y consagrada al cuidado de sus hijos, es ella la que casi siempre domina, hasta imprimir el sello de su voluntad a la sociedad entera. El verdadero problema es allí el de la emancipación de los varones, sometidos a un régimen maternal demasiado rígido. La mujer perfectamente abacia (no he encontrado su significada, ignoro si es una errata o se refiere a abacial o conventual) en la vida pública, es voz cantante y voto decisivo en todo lo demás.”   

            Del voto femenino decía a continuación “Si unos cuantos viragos del sufragismo, que no faltan en ningún país, consiguiesen en España de la frivolidad masculina la concesión del voto a la mujer, las mujeres propiamente dichas votarían contra el voto; quiero decir que enterrarían en las urnas el régimen político que, imprudentemente, les concedió un derecho al que ellas no aspiraban.”

            En la página 244 aborda el “tema de la tauromaquia, cosa tan nuestra, -tan vuestra sobre todo- y, al mismo tiempo tan extraña”, alerta que hay que estar “un poco en guardia contra el hábito demasiado frecuente de escupir sobre todo lo nuestro, antes de acercarnos a ello para conocerlo.” Dice que “alguna vez hemos de meditar sobre las corridas de toros, y muy especialmente sobre la afición taurina.”

            Aunque anteriormente Mairena había expresado a sus alumnos “mi poca afición a las corridas de toros”, confesando que nunca le habían divertido y sospechaba que no divertían a nadie por ser un espectáculo demasiado serio para la diversión, sentencia sobre ellas “Nosotros nos preguntamos, porque somos filósofos, hombres de reflexión que buscan razones en los hechos, ¿qué son las corridas de toros?, ¿qué es esa afición taurina, esa afición al espectáculo sangriento de un hombre sacrificando a un toro, con riesgo de su propia vida? Y un matador señores –la palabra es grave-, que no es un matarife –esto menos que nada- ni un verdugo, ni un simulador de ejercicios cruentos, ¿qué es un matador, un espada, tan hazañoso como fugitivo, un ágil y esforzado sacrificador de reses bravas, mejor diré de reses enfierecidas para el acto de su sacrificio? Si no es un loco –todo antes que un loco nos parece este hombre docto y sesudo que no logra la maestría de su oficio antes de las primeras canas-, ¿será acaso, un sacerdote? No parece que pueda ser otra cosa.” 

            Respetando que se trata de un ensayo que habrá que tratar con las licencias que exige toda obra literaria, no cabe duda que transluce unos pensamientos que se inscriben dentro de la mentalidad del autor. En el tema del voto femenino se encuadra dentro de la oposición de la izquierda de la II República a este voto por suponer a la mujer española sometida a influencia de una Iglesia Católica muy conservadora. Su opinión sobre la tauromaquia se inscribe en el intento de los intelectuales de su generación por descubrir la verdadera naturaleza de las corridas de toros, lejos del simple espectáculo brutal y asesino de maltrato animal que sostienen hoy día la ideología animalista.


              Aunque estas reflexiones del maestro no hay que separarlas del ambiente cultural y la mentalidad social de la época en que se movían los hermanos Machado, leídos hoy a una juventud ligera de pensamiento y poco dispuesta al análisis y la lectura reposada, lo condenarían tristemente al infierno donde debe purgar la casta de reaccionarios y fascistas, condenados mediáticamente por quienes ignoran casi todo sobre su obra y su verdadero pensamiento.

sábado, 4 de julio de 2015

Activistas


            Por el Diario de Cádiz he conocido que la mayoría de los nuevos ediles del equipo de gobierno municipal de la ciudad presentan como el principal de sus méritos, para algunos el único, el ser o haber sido activista.

            Aunque no estoy muy familiarizado con el actual vocabulario político, creía que los activista eran los que hasta hace poco se llamaban voluntarios, personas que trabajan, hoy se diría luchan, de una forma totalmente altruista, por el triunfo de una idea o por la consecución de unos principios o de una causa social, más o menos noble.

            Así he conocido a muchos activistas políticos, sindicales, deportivos, folclóricos, culturales, religiosos y hasta activistas cofrades, que no se si clasificarlos entre los folclóricos, los culturales o los religiosos. Eran personas que empleaban su tiempo y su dinero para conseguir su ansiado objetivo. Incansables y, aunque algunas veces incluso resultaban algo pesadas por su conversación monotemática y su pasión exagerada, pero todas tenían un elemento identificador, lo hacían por su causa, por sus ideas o por su afición, pero todas ellas se hubieran ofendido si alguien les hubiera insinuado que por su trabajo y su desvelo debían cobrar. El dinero era algo que no entraba en la mochila, ya antes también existían, ni en el componente motivador del verdadero voluntario o activista.

            Incluso yo, aunque nunca pasó por mi cabeza el denominarme activista, también he participado en algunas causas que consideraba justas y beneficiosas para mis paisanos, ofreciendo de forma desinteresada mi granito de arena, mis aptitudes y mi trabajo. Entre otros proyectos culturales y sociales, he sido desde socio fundador de la Peña Flamenca Enrique el Mellizo, hasta, en la actualidad, directivo de una asociación medio digital, Cádiz Ilustrada, que busca la defensa del maltratado patrimonio cultural de esta ciudad.

            En ninguna de estas actividades ni en muchas otras que omito, ni yo ni nadie que participaba en las mismas, cobraba una peseta o un euro. Al contrario, cada persona ponía, o pone, de su bolsillo, el importe del café o del refresco en las reuniones o ,a gasolina de su vehículo en los casos de desplazamientos.

            Por eso manifiesto mi extrañeza al ver que estos activistas desinteresados que han tomado el poder municipal, todos sin excepción, han abandonado ese desinterés para entrar a formar parte de la clase de los políticos profesionales.

            Comprendo que en algunos casos sea de justicia que cobren, ¿pero es necesario que cobren todos? ¿Es que ya dejaron su activismo social? ¿Es que el gobierno Cádiz no merece al menos el mismo desinterés monetario  que tenían con los objetivos por los que hasta ahora han luchado? ¿Es que el político municipal pierde calidad si trabaja de forma altruista por su ciudad? ¿O acaso es que se han cansado de ser activistas honorarios o de vocación y ahora pasan a serlo de profesión? En cualquiera de los casos, me han decepcionado. Ya sé que no tengo merecimiento alguno para ser concejal, ni tampoco soportaría aguantar a “la cúpula” de ningún partido político, pero para este jubilado, que no presume de activista, sería su mayor “orgullo y satisfacción” poder contribuir a ayudar a sus paisanos y aportar su esfuerzo al engrandecimiento de la ciudad que me vio nacer. Y por supuesto sin cobrar por ello.
           



           

                           

jueves, 11 de junio de 2015

Una nueva fuerza emergente en Madrid


            Tengo que confesarles un secreto, no he votado. Como estaba indeciso esperé hasta que vi una encuesta publicada en el Diario de Cádiz en la que preguntaban a los partidos políticos que se presentaban a estas elecciones por el número de asesores que pensaban contratar. Todos fueron imprecisos en sus respuestas, “los necesarios, los reduciremos, los imprescindibles´ pero ninguno dijo que no los contrataría. Era la prueba del algodón; cualquiera que haya trabajado en una Administración Local mediana, como por ejemplo el Ayuntamiento gaditano, sabe que los llamados asesores no existen, mejor dicho, los únicos asesores de verdad que van a usar los futuros ediles serán los funcionarios, mientras que llamarán asesores a un grupo de compañeros del partido o compromisos familiares, que van a disfrutar durante cuatro años de un sueldo sin necesidad de conocer de ninguna materia ni siquiera de pisar un solo día la Casa Consistorial.

            Eso me convenció, aunque sea una frase muy manoseada, todos son iguales según para qué cosas. En concreto para lo que llamamos por esta tierra la mangancia o el trinque. Por supuesto que no es nada ilegal, es algo correcto y no desprestigia a quienes usan de esta forma fina de apoderarse de nuestro dinero. No son unos políticos corruptos sino unas personas honradas que usan de una ley imperfecta para beneficiar a los suyos. ¿Quién no mira por los suyos? Pero como ya tengo algunos años y he visto pasar por mi empresa de la Plaza de España en Cádiz a tantísimos asesores, bueno a la mayoría ni siquiera los he visto, me propuse no legitimar con mi voto esta golfería, así que con todo el dolor de mi corazón pues quiero a mi ciudad y me preocupa su futuro, decidí no votar en estas elecciones y marché unos días a Madrid.

            La mañana del domingo 24, en plena jornada electoral, en la Villa y Corte o Capital del Reino, lo que ustedes prefieran, este gaditano subía por la calle Moratín que desde el Paseo del Prado sube hasta confluir con Atocha en  Antón Martín, cuando de pronto los vi. Jóvenes sudorosos, hermanados por una misma idea, subían disciplinados con paso firme, seguros de sí mismos y exhibiendo a los ciudadanos su fuerza ya que habían logrado infiltrarse y triunfar en el mismo Madrid. No cabía duda, se trataba de las que han dado en llamar ‘fuerzas emergentes´ y precisamente de una que, a pesar de la ayuda de la prensa local y de sus numerosos seguidores, todavía no había logrado abrirse paso en la fortaleza tradicionalista de la ciudad que todavía gobernaba Teófila Martínez.

            Admirado contemplé su paso y la mirada de curiosidad e incluso de admiración que les lanzaban los peatones, sorprendidos por su irrupción en día tan señalado. Por mi parte quedé admirado de su poderío y comprendí que toda la resistencia ante esta nueva fuerza emergente sería inútil, de ellos es el futuro y Cádiz no se les resistiría, terminaría sucumbiendo a la nueva juventud, a sus nuevas ideas y a su nueva forma de pensar y de actuar más acorde con el siglo XXI.

            Puedo dar fe que en domingo 24 de mayo de 2015, mis ojos contemplaron una proeza victoriosa del ‘costal´, del estilo de carga sevillano. Viendo cómo se alejaban hacia Antón Martín los sufridos costaleros ajenos a la disputa electoral que se dilucidaba en toda España comprendí que la victoria caería de su lado, era inútil la resistencia. Cádiz también caerá, más pronto o más tarde, rendida a esta nueva fuerza emergente en el mundo de la carga.

            
Ensayando en Madrid en la jornada electoral.

viernes, 20 de febrero de 2015

Cuando el Cádiz rancio perdió la batalla.


            Casi desde que llegó la Democracia, coincidiendo con los comienzos de una grave crisis económica y social, Cádiz mantenía una desigual e invisible lucha con entidades territoriales superiores a ella para mantener su deteriorado estatus económico y conservar su diferenciada cultura ciudadana.

Políticos e intelectuales de Las Cabezas de San Juan para arriba nos miraban por encima del hombro con la misma curiosidad con la que los viajeros románticos del siglo XIX miraban a España, esa tierra tan encantadora llena de frailes, toreros y bandoleros. Estos políticos e intelectuales que se acercaban hasta Cádiz, viajando en sus coches por la autopista para asistir sin pagar a la final del concurso de agrupaciones del Carnaval en el Falla, lo tenían claro; Cádiz era un buen lugar para estar un rato, aunque alguno se quedaba hasta el “carrusel” del domingo en la antigua Plaza, reírse con la gracia de los lugareños y comer alguna de las delicias gastronómicas tan peculiares de esta tierra, tortillitas de camarones y mariscos para pobres incluidos, mientras admiraban el ingenio de los tipos graciosos que producía esta ciudad, ingenio que pronto incorporarían a la maquinaria mediática de su poderoso imperio sevillano.

            Algunos gaditanos, no confundir con “gaditas”, esperábamos que se produjera una reacción ciudadana. Confiábamos en que los políticos, las instituciones y las asociaciones, sin renunciar a la modernidad y la actualización que exigían el final de un siglo y el comienzo del otro, defendieran los usos y costumbres que conformaban el carácter de una ciudad que fue adelantada en España en muchas innovaciones y movimientos sociales.

            Esperanza vana, los políticos no estaban por la labor. Desde aquel día de un ya lejano Carnaval en que el Alcalde Carlos Díaz, excelente persona por cierto, subido a las Puertas de Tierra nos descubrió una verdad histórica, que por ella no pasaron las tropas de Napoleón, olvidando que por el puente Suazo tampoco, ya vimos que esta nueva generación de dirigentes políticos, salvo excepciones, no estaba muy entusiasmada ni por la Historia ni por la Cultura en general ni por la Cádiz en particular. 

               En cuanto a las instituciones, sometidas al igual que los políticos en su actuación a las directrices madrileñas o sevillanas, dejaron a un lado el fomento de las potencialidades da la ciudad para atender y potenciar otras actividades de segunda categoría. Por ejemplo la misma Zona Franca, que guardó silencio ante la constitución de su competidora sevillana, se puso de espaldas al mar que fue la vida de la ciudad durante siglos y se dedicó a la especulación inmobiliaria por la provincia, patrocinando en la capital instituciones tan curiosas y dignas de estudio como el Casino Gaditano. A propósito, si el edificio que éste utiliza es de propiedad municipal ¿por qué no se permite su uso a otras asociaciones tan merecedoras como la usuaria? Si lo comparamos por ejemplo con el Ateneo, pierde en todas sus actividades, en las culturales por goleada, ya que en las pocas que organiza el Casino la presencia de sus socios se puede contar con los dedos de una mano; y en cuanto a las sociales pasa otro tanto; a ver, ¿cuántas placas ha colocado el Casino por la ciudad?

            Lo mismo ocurre en el terreno deportivo; ¿alguna vez saldrá algún gaditano con la capacidad económica o el prestigio social como para hacerse cargo del Cádiz S.A.D.? Y en el Carnaval, ¿acaso no se mantiene y publicita en gran parte gracias al sevillano Canal Sur? ¿No triunfan los autores o poetas sevillanos superando a los propios locales? También en el mundo de la Semana Santa, la juventud cofrade que sabe mucho de Historia del Arte pero que, como en el verso machadiano, desprecia cuanto ignora de las tradiciones de su ciudad, ¿no se rindió hace ya muchos años a la supuesta superioridad estética sevillana?

            A este declinar cultural y social han contribuido los medios de comunicación a los que sólo tienen acceso políticos, intelectuales, carnavaleros, futboleros y cofrades adeptos a las fuerzas sociales y culturales emergentes y que se enfrentan a los pocos opositores a su triunfo que van quedando en la ciudad, pero ¿existen estos resistentes? ¿Dónde se ocultan?

Refugiados en algunos bares o en los modestos baches, la versión gaditana del tabanco jerezano o del güichi isleño, estos ´´últimos de Filipinas” la mayoría ya jubilados, se baten en retirada, conscientes de que cuando falten se irá con ellos una forma gaditana de ser e incluso de expresarse; se encuentran inmersos en una cultura popular e incluso ilustrada que ya no es la de la ciudad que conocieron. Quizás por eso, rebeldes hasta en el habla, todavía se empeñan en recordar lugares que sólo existen en su imaginación; bares y cafés como el Novelty, el Viena, el Cantábrico, el Hamburgo o el Mikay; comercios como Créditos Rucas, La Riojana, o Merchán; hablan de sus viviendas utilizando vocablos ya muertos como patinillo, accesoria o casapuerta e incluso, en el colmo de su rebeldía y conservadurismo, usan expresiones social y políticamente incorrectas como los baratillos cuando se refieren al mercadillo dominical, penitente cuando quieren decir nazareno o la plaza cuando aluden al espacio gastronómico del mercado.

      Ya les queda poco, el Diario de Cádiz de hoy se refiere a un edificio “okupado” como “la Corrala”, expresión que usan los propios ocupantes y que, aunque proviene de Sevilla, es hija de la jerga madrileña-manchega que ya ha suplantado en la capital andaluza al tradicional corral trianero.

Cuando el mismo pueblo de Cádiz habla de corrala para denominar lo que aquí siempre se llamó una casa de vecinos es que no queda ninguna esperanza, la batalla está perdida. Así que gaditanos rancios ya no tenéis nada que hacer ni que decir, reconocerlo, la modernidad por fin triunfó en Cádiz.
                
             

            

martes, 20 de enero de 2015

Para el palacio de Recaño

        

          En el Diario De Cádiz de ayer se publicaba la existencia de un proyecto municipal para la “puesta en valor”, frase ritual y polisémica en el mundo político de nuestros días, del palacio de Recaño o de la Torre Tavira como algunos lo conocemos, consistente en “crear un ente similar a la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación que existe en diversos puntos del territorio nacional, siendo el ejemplo más cercano el de Granada”. La idea, aportación del edil Delegado de Patrimonio y Presidente del Colegio de Graduados Sociales, supondría “muchos beneficios a la ciudad, tanto con la organización de encuentros como por la difusión y conocimiento de este hecho a nivel internacional”.

            Hace años participé en el proyecto del entonces Decano del Colegio de Abogados de Cádiz José Manuel Jareño Rodríguez Sánchez, apoyado por el ex Decano Julio Ramos Díaz, de restauración de la gaditana Academia de Jurisprudencia y Legislación, una creación decimonónica del Colegio de Abogados de la ciudad, aunque la que ahora se pretendía crear fuera una institución más en consonancia con los tiempos actuales y más abierta a la sociedad, que estuviera alejada tanto del individualismo como del enclaustramiento, los dos principales defectos que se achacan a las academias tradicionales.

Se trabajó en esta restauración, recopilando los antecedentes históricos así como redactando la memoria y un borrador inicial de estatutos. Por cierto que en esta documentación se prescindía de localismos, buscando una institución cultural de ámbito provincial, y de corporativismos, pues se mencionaba expresamente a la Facultad de Ciencias Sociales entre los centros académicos que impartían disciplinas jurídicas y con los que la Academia tendría que contar en su puesta en marcha y en su desarrollo posterior.

Tras estos trabajos sólo quedó pendiente el trámite, de conformidad con la legislación específica de la Junta de Andalucía, del nombramiento por el Colegio de Abogados de la Comisión Gestora que redactaría los estatutos definitivos y elevaría el proyecto a la aprobación de la Consejería de Educación y Ciencia que es la competente para su aprobación. Por diversas causas este nombramiento se fue aplazando, sin que haya tenido lugar en el día de hoy, por lo que este proyecto de restauración se ha quedado inconcluso.
¿Merecía la pena este proyecto de restauración?  Teniendo como antecedente la “Academia de Abogados y Pasantes en Leyes” que, “a exemplo de las que hay en la Corte y principales Ciudades del Reyno, se creó en 1792, el 17 de marzo de 1848 la Junta del Colegio de Abogados, a propuesta del Decano Francisco Fernández de Haro, crea la Academia de Jurisprudencia. En ese mismo año se aprobaron sus Estatutos y comenzaron sus actividades en su sede de la calle San José 42.

Poco después se cambió su nombre por el de Academia de Jurisprudencia y Legislación, que impartía cursos y reuniones científicas destinadas al estudio de la legislación contemporánea, en especial de los nuevos Códigos que estaban surgiendo fruto de la codificación liberal. Aunque los actos que más popularidad adquirieron fueron los debates en los que dos oradores defendían posturas opuestas sobre temas que entonces interesaban como la patria potestad, los sistemas patrimoniales matrimoniales o la propia existencia legal de la esclavitud, debates que eran seguidos por la prensa de la época que los reseñaba al día siguiente, comentando las actuaciones de los ponentes y hasta la del público que llenaba el salón de la calle San José y el más amplio de la calle del Teniente, hoy Zaragoza, al que se trasladó en 1859.

Un dato de su apertura a la sociedad gaditana de la época: La Academia se relacionó muy estrechamente con el Ateneo de Cádiz, en especial durante la presidencia de uno de sus fundadores, el prestigioso jurista Miguel Ayllón y Altolaguirre quien, en unión de su hermano Emilio, publicaba desde 1860 en Cádiz la “Revista de Tribunales, Jurisprudencia y Legislación” y había creado en el Ateneo Cátedras de Derecho Mercantil, de Derecho Penal y de Administración.

Contando con este antecedente histórico, creemos mejor la restauración de una institución nuestra, adaptada a nuestro tiempo y con la participación de todos los agentes interesados, que la creación de una nueva institución, aunque se base en el cercano ejemplo granadino porque, como resalta el promotor de este proyecto municipal, “Tenemos que poner en valor lo que la historia nos ha dejado”.  


  

domingo, 29 de junio de 2014

EL BEATO DIEGO JOSÉ EN PROCESIÓN


 

            Hace unas semanas vi pasar por las calles de Cádiz en procesión la imagen del beato Fray Diego José de Cádiz. Al principio no le di importancia porque supuse que se trataba de una manifestación más del mundo cofrade, mundo que, según dicen es un mundo totalmente distinto del mundo religioso; pero cuando vi que, además de una magnífica banda de música, acompañaba o más bien presidía la procesión un religioso, comencé a hacerme unas preguntas que ahora planteo.

            Las ideas que en su día defendió ardientemente Fray Diego José, entre ellas el origen divino del poder de los reyes y de las autoridades civiles, la bondad de las supersticiones y la ignorancia popular, la demonización de las ciencias, o la defensa de la esclavitud o la Inquisición, ya no son defendidas por nadie dentro del Catolicismo. Han pasado algunos siglos, muchas encíclicas y hasta un concilio, el Vaticano II acatado por todos, al menos de palabra, y la Iglesia fue abandonando estas viejas ideas y abrazando curiosamente otras más cercanas a las de la propia Revolución Francesa que el Beato combatió toda su vida. No sólo por el sentir de los tiempos, sino porque los postulados de Libertad, Igualdad y Fraternidad, se acercaban más al Cristianismo que las ideas reaccionarias y retrógradas que defendió el capuchino gaditano.

            Es indudable que este tema es ajeno a la cultura cofrade, pero no debe ser ajeno a la cultura religiosa.

            Por eso me pregunto, ¿qué sentido tiene que miembros de la Iglesia Católica presidan públicamente en el siglo XXI una procesión con la imagen del Beato Diego? Si comulgan con sus ideas, están en contra de la doctrina de la Iglesia, que desde hace más de un siglo ya admitió por ejemplo su compatibilidad con las Ciencias modernas o con el Liberalismo.

            Pero además esta procesión se ha divulgado en los medios locales, habrá llegado al conocimiento de todos los católicos de la ciudad, incluidos aquellos que conocen y han estudiado algo la doctrina moderna de la Iglesia o, al menos, la Historia de España, por lo que me sigo preguntando.

            ¿El Obispo de Cádiz no tiene nada que decir al respecto? ¿Habría hablado si, por ejemplo, las ideas de Fray Diego se hubieran defendido hoy día por alguien en la prensa? ¿Su permisividad y silencio contrastan con las ideas contrarias al capuchino del Papa Francisco? Ideas que por cierto chocan con la praxis de una gran parte de la Iglesia de su Diócesis.

            ¿Ningún clérigo de la “culta Cádiz” tiene tampoco una opinión sobre este culto? ¿Es que tienen miedo de expresarla? ¿Es que imitan a los políticos y esperan a que el que manda se pronuncie para seguirle en su misma dirección?

            ¿Y los intelectuales católicos? Al menos dos catedráticos de nuestra Universidad publican artículos regularmente en la prensa local; además uno de ellos está especializado en la época en que vivió Fray Diego. Ellos si tienen una reconocida cultura religiosa y de la otra, junto con una plena libertad de pensamiento como manifiestan en sus escritos. ¿Tampoco ellos tienen una opinión formada? ¿No le dan importancia por ser una cosa de “capillitas”, propia de una religiosidad popular que no tiene cabida en su mundo superior?

            ¿Tampoco tienen nada que decir los católicos cultos? ¿Dónde están? ¿Por qué dejan que la imagen pública de la Iglesia Católica provenga sólo de las plumas de algunos habituales de las Cartas al Director de nuestro Diario de Cádiz?

A nadie, a nadie le ha resultado extraño, heterodoxo, o al menos extemporáneo, este resurgir de la devoción por el Beato Diego de Cádiz. 

Sin duda se trata de un problema de falta de cultura, pero si tanta gente no ve ninguna incongruencia ni tiene ninguna duda al respecto, ¿por qué tengo yo que hacer estas preguntas? Y encima viviendo a dos pasos de la Capilla del Beato Diego.

           

sábado, 19 de abril de 2014

Lo nuestro en Cáceres

            Hace ya muchos años, cuando me acerqué a las múltiples manifestaciones del folklore de lo que entonces se conocía por España, quedé impresionado por las diferencias que existían entre la Semana Santa en cualquier lugar de Andalucía y la de un pueblo de Zamora, Bercianos de Aliste, en el que los cofrades marchaban en su procesión vestidos con las mortajas con las que los enterrarían a su muerte.
La procesión de Bercianos de Aliste 
            Me he acordado de este pueblo al conocer la Semana Santa de Cáceres, que tiene una fama similar de seria y austera. Lo de seria y austera lo comprobé leyendo en el “Avuelapluma”, el “Viva Cádiz” cacereño, una entrevista al Presidente de la Unión de Cofradías, el “Martín José” local. Este señor alardeaba de la reducción de gastos de las cofradías “ha sido una constante en los últimos años” y ¿en qué recortan? “por ejemplo, ya hay varias que han optado por sacar las procesiones en silencio riguroso” y cita a alguna que “sólo irá acompañada por un tambor”, tacaños. También nos dice que otras “han modificado la forma de decorar los pasos, utilizando elementos mucho más sencillos e incluso, en algunos casos, engalanándose con flores del campo”, por supuesto sin contar con que su color sea el correcto para el paso de que se trate, un disparate. Y en cuanto a los estrenos en los enseres nada de nada, si hasta presume de que “Hay mayordomos que salen con varas de mando que datan del siglo XVI…” Sobran las palabras.
            Cuando vi la primera procesión, me confirmó la impresión que saqué de la entrevista, pasos llevados a hombro, con cargadores que usaban las maniguetas con el mismo desparpajo que algunos de esta tierra. Las músicas muy discretas tocadas por bandas de hermanos muy sencillas, la mayoría de tambores y cornetas, muy del siglo XX. En cuanto al cortejo, se ponía en marcha o se paraba siguiendo las notas de un tambor solitario o el sonido de una campana. El cuerpo de acólitos y pertigueros carente de marcialidad, se notaba la falta de un entrenamiento adecuado, los penitentes, o mejor dicho nazarenos, algunos descalzos con cadenas en los pies y con pesadas cruces al hombro. Las varillas muchas de madera, no me extraña que fueran del siglo que decía el Presidente, y encima tenían unos tacos de goma en las puntas… ¿Así cómo pueden hacerlas sonar en las tapas de las alcantarillas? Imposible.
           Pero la prensa anunciaba una novedad, una cofradía con un paso que sería “portado por costaleros”. Para no perdérmelo elegí la céntrica calle de mi paisano Moret, al que por cierto le acababan de colocar una lápida con motivo del centenario, en agradecimiento a quien promovió las minas de fosfatos que durante muchos años dieron trabajo a muchos cacereños, aquí también ponemos plazas, pero sería impensable por ejemplo que le pusieran una placa a Horacio Echevarrieta por mantener abiertos los Astilleros hasta 1947 y darle trabajo a muchos gaditanos, esas cosas ni se nos ocurren.
 
La lápida de Moret
            La espera sosita, nada de bullas ni empujones, si alguien quería pasar lo pedía por favor y luego daba las gracias, los espectadores tan fríos y educados parecían paisanos de las dos japonesas que se instalaron a mi lado provistas de sus correspondientes máquinas fotográficas; no se veía ni una sillita, vale que ellos no las utilicen para las playas que no tienen, pero ¿allí no hay tiendas de chinos? Otra cosa que eché en falta fueron los frutos secos, no pasó ni un carrito vendiendo nada, la gente aguantaba la llegada de la procesión de pie y sin comer ni beber nada, debe ser que desconocen las virtudes anti estrés de las pipas y las avellanas, resultado el suelo queda limpísimo con lo que no se fomenta la venta local ni se estimula al Ayuntamiento para que contrate a más personal de limpieza, así les irá.
 
            La procesión con claros y negros, aunque abría el cortejo una banda con uniformes de colorines que parecían copiados de los que animaban en mi infancia las sesiones del “Circo Price instalado en las Cuestas de las Calesas”, luego se volvía a los penitentes, digo nazarenos, descalzos con las cadenas y las cruces, pero detrás venía el paso… Un paso kilométrico que avanzaba alegremente por la calle Moret al son de una alegre marcha.
           Lo primero que noté fue la desproporción entre la longitud del paso y lo vacío que estaba, Jesús, un romano y uno que podía ser Pilatos levantado, pues su silla estaba detrás vacía. Pensé en cuan inteligente son estos cofrades cacereños, en una ciudad en la que al parecer está mal visto realizar “estrenos” hacen un paso grande para poder irlo rellenando poco a poco, así un año podrán poner a Pilatos, sentado en un trono como Dios manda, con un águila dorada como el pájaro que estaba en la pared del “Gavilán” de la plaza Cruz Verde hasta que lo cerraron; otro año la mujer de Pilatos, la del sueño, otro el subsahariano de la palangana, otro al menos a un soldado romano más, firme y de pié: meter un caballo ya me parecería excesivo. En fin un verdadero programa de inversiones cofrade con varios años por delante.

Un paso desaprovechado
             Tras el paso la banda. Por su guión supe que procedía de Salamanca, por fin un detalle musical digno. Aunque la primera impresión al verlos de lejos es que venía avanzando un grabado antiguo que representaba una apertura de las Cortes con Isabel II y todos sus generales, Espartero, Narváez, Serrano y unos veinte más, todos vestidos con levitas negras orladas de pasamanería dorada y tricornios de corte clásico del mismo color, impresionante; hasta las japonesas se emocionaron viendo la cantidad de fotos que hacían.
Pero lo mejor estaba en la marcha del paso, lo que podíamos llamar la asimilación por la parte renovadora y progresista del pueblo de Cáceres de las nuevas tendencias en el mundo de la carga del siglo XXI. Un paso casi vacío, movido por un nutrido grupo de costaleros cuyas zapatillas y calcetines uniformes aparecían por los faldones del paso; una marcha propia de una banda valenciana en días de traca, y esos costaleros que impulsan al paso al ritmo de la música con movimientos alegres y valientes. Un talibán de la calle Veedor quizás diría que los vaivenes que sufría el paso eran algo excesivos, más propios de las calles del Cerro del Águila que de las austeras piedras cacereñas y que Jesús, Pilatos y el soldado romano bailaban más de la cuenta, pero todo es cuestión de estética cofrade, ya los irán perfeccionando, sobre todo con la incorporación al paso de nuevos personajes que hagan el paso más pesado.
El público con división de opiniones; algunos aplaudían como ven por televisión que se debe hacer, otros callaban y ponían cara de no saber cómo comportarse. En cuanto a mí ¿qué quieren que les diga? Me sentí embargado como el de la Zarzuela por un sentimiento de orgullo y satisfacción al ver con mis propios ojos un triunfo más del espíritu y de la cultura del pueblo andaluz, ya exportamos nuestro estilo de carga a las cofradías de Cáceres…
          Aprovechando una parada de la procesión me marché con estos pensamientos y me volví para echar una última mirada; las dos japonesas seguían retratando a los marciales músicos salmantinos. No me extraña, más que músicos eran unos personajes históricos, con ese uniforme que envidiaría hasta el mismo Kiko Rivera para su cofradía trianera.
Kiko Rivera, otro andaluz que triunfa en el mundo... Va a tener razón Canal Sur “la nuestra”, somos la ¡Andalucía imparable! Por ahora llegamos hasta Cáceres, pero pronto llegaremos a todo el E. E. (Estado español).
          ¿Con qué pueden pararnos? ¿Con mortajitas? Que se vayan preparando los cofrades de Zamora.
                

martes, 25 de marzo de 2014

¿LA GRACIA DE CÁDIZ?


Un libro a leer por todo intelectual de izquierda.

            A través de internet he visto un desfile bufo o carnavalesco que estos días del pasado Carnaval se paseó por la calle de la Palma parodiando a una procesión de Semana Santa, con la actuación de un cantaor de saetas incluido.

            Nada puedo objetar a las imitaciones o disfraces de penitentes o de prelados, son cosas de la fiesta y en esta ciudad nadie tiene en cuenta esas cosas. Pero un caso distinto es la parodia de la figura de Jesucristo que, en mi opinión, se pasaba del humor carnavalesco para entrar en la burla descarada de las, respetables según creo, ideas religiosas de muchos ciudadanos. Vamos que era una provocación de dudoso gusto, ya que hería las sensibilidades de muchas personas fueran creyentes o no como me pasó a mí, aunque hice el servicio militar en Caballería y con mis años tengo mi sensibilidad algo endurecida.    

            Quizás fuera un sentimiento debido a mi educación infantil cristiana pero, ver a un joven blandiendo una cruz estrafalaria y ridiculizando a Jesucristo, me produjo la misma sensación de desagrado que cuando escuché  al Cardenal Rouco “amenazar” con quitarle a Cáritas el dinero de los pobres si la Iglesia tenía que pagar impuestos como el resto de los españoles.

            Las representaciones bufas de procesiones o entierros religiosos fueron habituales en la España de otro tiempo y formaban parte de un sentimiento antirreligioso que buscaba provocar al creyente creíamos ya superado. Estas cosas pasaban en una España con una población empobrecida e inculta y con unas ganas de resolver sus diferentes formas de entender la vida mediante la violencia como desgraciadamente pasó al final. Hoy en cambio se respetan las ideas y las creencias ajenas, lo que es un logro, y no pequeño, del triunfo en nuestro país de la educación en las ideas democráticas.

            Por eso me ha extrañado ver presenciando este espectáculo, al parecer con agrado, a personas que suponía dotadas de una cultura y de unas ideas de tolerancia y respeto por las ideas y los sentimientos ajenos, algunos de los cuales ofendía este espectáculo.

            La burla de los símbolos ajenos, o próximos dada nuestra cultura común de siglos, no es “progresista”; la burla de las creencias religiosas tampoco.

El acto de la calle de la Palma no era anticlerical ni mucho menos laico, era una simple burla de las creencias religiosas de muchos de nuestros vecinos; no creo que encajara dentro del “republicanismo cívico” tolerante que defendieron muchos de los intelectuales de la izquierda española, ni creo que debía encontrar asilo en la sensibilidad de sus representantes de nuestros días. O quizás estoy equivocado y la tolerancia y el respeto de las ideas y creencias de los demás no sea ya un valor “progresista”, como no lo es ni la decencia ni la honradez.

Al ver este espectáculo pasaron por mi mente otras “gracias” como los rapados públicos de nuestro fascismo, oficialmente cristiano, o los actos de los comunistas chinos en la peor época de Mao. Es la gracia chabacana del intolerante, no del demócrata, como tan bien supo retratar Thomas Mann en su "Mario y el Mago". 

Por supuesto que respeto la libertad del falso Cristo para insultar a muchos de sus paisanos, él sólo se retrata, aunque creo que es abrir una puerta a que otros tan “graciosos” como él respondan de una forma tan educada como la suya a esos insultos. No creo que sea una manera civilizada de entender nuestra convivencia pero este es sólo mi punto de vista, que quizás esté ya caduco, quizás, quizás.